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Poligrafía Binaria

Gráfica Tradicional y Tecnología. Anacronismo vs. Actualidad

Manuel Zabala Alonso

La gráfica tradicional es un anacronismo. La tecnología con uno de sus tentáculos, la gráfica digital, hace parecer a los artistas e impresores dedicados al grabado y a la litografía como auténticos hombre de Altamira. Los procesos técnicos empleados por ellos, comparados con el desarrollo tecnológico aplicado en la gráfica digital, son abismalmente retrasados y con una evolución apenas sensible. Es más, incluso la fotografía análoga es un anacronismo que está siendo desplazado por la fotografía digital.

Sin embargo, la gráfica tradicional tiene su vigencia en nuestro tiempo por diversos factores. Algunos de los más importantes son: el mercado del arte, el valor inigualable de la factura artesanal, el control del tiraje, la perfección de oficios centenarios y la huella indeleble del talento de los propios artistas, reflejada de manera directa en una obra realizada en madera, metal o piedra, con su resultado serial en papel.
El mercado sigue privilegiando la obra tradicional, por encima de la obra de los artistas que usamos nuevas tecnologías. La razón es que el mercado está apuntalado en el principio de la autenticidad y control del número de obra, que permite subir el precio conforme el autor se cotiza día con día. La tecnología, en cambio, ofrece una democratización de las estéticas y de los medios, haciendo que las obras sean más accesibles en su realización y su proceso. El mercado premia de manera constante el talento de los artistas, así como el grado de perfección de los oficios del grabado y de la litografía, que se ven reflejados en las obras que se han producido a lo largo de los siglos: se convierten en una plusvalía indiscutible entre galerías y coleccionistas. Igualmente el calor, sentimiento, expresión y toque humano que se imprime en una obra de gráfica tradicional es otro de los factores que compra la sociedad. Ya que frente a lo avasallador del mundo tecnológico, busca alternativas con el sello de la mano del hombre.

Los avances en cuanto a investigación en el grabado y la litografía son un hecho. Hoy no son los mismos barnices, ni los mismos químicos, ni los mismos papeles que se usaban en la antigüedad. La litografía tiene hoy otros recursos, como el uso de las láminas de aluminio, así como el transfer fotográfico y otros elementos. E igualmente, ahora existen químicos que ayudan a la corrosión casi perfecta de acuerdo a los trazos e imaginación de los artistas en las placas de grabado. Sin embrago, este proceso es prácticamente insignificante en relación a lo que la sociedad ha avanzado en materia tecnológica. Baste citar que en la actualidad, con tan sólo apretar un botón, el mundo se abre ante los ojos del espectador.

Aún cuando la riqueza y calidez del grabado y la litografía siguen siendo campeonas en el mercado del arte, frente a lo que se realiza en medios electrónicos; tampoco se pueden dejar de señalar sus limitaciones frente a lo digital. Por tan solo mencionar una, se puede citar el problema de la dimensión de las obras. Una litografía no puede ser monumental jamás. El grabado tiene un carácter íntimo con las dimensiones de la platina de un tórculo, que contrasta de manera brutal con lo que puede ofrecer un plotter con ancho de un metro y medio y largo de más de 45 metros.
La gráfica tradicional ha ofrecido herramientas y recursos similares durante siglos, que hacen del manejo de la imagen un campo limitado. En cambio, el desarrollo de la misma en el área digital se puede decir que es ilimitado, sólo la imaginación es el limite. Los programas que se utilizan para la creación de imágenes en el área de las computadoras tienen las mismas herramientas que el grabado y la litografía. Desde un photoshop se pueden llamar a la pantalla, obviamente de manera virtual: buriles, pinceles y lápices; aguadas, transparencias, tramas, esfumados o efectos de ruleta.
Los resultados de todo esto se ven reflejados en las salidas electrónicas o en las transferencias a placas que después pasarán por tórculos y prensa.

Finalmente, los programas de computación son los conocimientos del hombre asimilados para su uso en la pantalla, y su posterior resultado en equipos de altísima resolución. En lo electrónico ha habido un proceso de aprendizaje profundo de lo que han sido las técnicas tradicionales del dibujo, la pintura y la gráfica. Hoy le toca a la gráfica tradicional abrirse a lo contemporáneo. A los artistas e impresores les corresponde establecer en la sociedad y el mercado nuevos paradigmas con respecto a la obra gráfica. Por ejemplo, se antoja que los creadores puedan realizar gráfica tradicional intervenida con lo digital, y viceversa.

Aquí es imprescindible hacer una reflexión en relación a la fenomenología de la creación de la gráfica. Lo digital jamás podrá sustituir la experiencia de enfrentarse a los materiales de la gráfica tradicional. El hecho de trabajar sobre una piedra o una placa metálica es una acto irrepetible y que jamás será abolido. Igualmente el hecho inigualable de granear una piedra, pulir una placa, mancharse con las tintas del grabado y la litografía, no podrá ser sustituido por la emoción distante, aunque vibrante de la contemplación de cómo salen las impresiones de los plotters de las computadoras. El enfrentamiento del artista y del impresor con los recursos propios de lo tradicional, nunca podrá ser sustituido por la experiencia ante la frialdad de la pantalla y los inyectores de una impresora digital. En el acto del grabado y la litografía existe el dilema humano que posibilita el error y accidente en la creación, y con ello, la grandeza.

Cuando se punza brillantemente una placa queda para la historia del artista, del hombre. Cuando se equivoca o acierta en el nivel de acidez en la preparación de una piedra de litografía, queda siempre para la historia del impresor. Las copias serán fatales o geniales. En cambio, el universo de las computadoras es el de la prueba y error humanos satisfechos a ultranza. Todo ha sido diseñado para que el usuario a pesar de sus errores pueda retractarse. En el camino de la creación digital el artista y el impresor siempre se pueden retractar a medio camino. Siempre existe el ctrl..-z para desdecirse de lo actuado, de lo dibujado o de lo impreso. En el mundo digital, todo está dispuesto para que el humano evoluciones sin recriminaciones por lo hecho o lo actuado. El humano va a la frialdad de los funcional, no importando sentimientos, expresiones o necesidades: debe funcionar a fuerza, cueste lo que cueste. Esa es la gran diferencia entre la obra producida por los emisarios de la tradición y los representantes de la digitalización, entre los que saben que pueden triunfar con un trazo que jamás será borrado por experiencia y los que saben que con un teclazo se pueden desdecir hasta encontrar la perfección decimal.

Pasando a otro punto, uno de los aspectos fundamentales de la gráfica es su esencia de multi-reproducción. La asimilación de siglos en el manejo de las copias de un grabado ha dado como consecuencia el cuidado en la producción y numeración de las piezas resultantes de una placa. En esto reside principalmente el valor de mercado de la gráfica, amén de la factura del artista. La gráfica digital tiene mucho que aprender de ese asunto: los procesos digitales tienen tal potencia en lo que respecta a la multireproducción que precisamente en esa virtud está su principal enemigo, ya que galeros y coleccionistas argumentan que lo digital puede ser reproducido hasta la saciedad, devaluando la obra. La fotografía ha sufrido de la misma enfermedad desde su nacimiento. Si en la fotografía, como ahora se podría hacer en la gráfica digital, se hubiera establecido, desde hace más de 170 años, la reiteración o marca de un negativo, así como la numeración y control de copias, otro sería el panorama de los precios de las obras fotográficas. Hoy una copia firmada de Manuel Álvarez Bravo tiene un valor de hasta $4,500 USD en el mercado. Si el artista se hubiese auto impuesto la práctica de cancelar o marcar negativos, así como numerar las copias hasta un límite, el valor de una de ellas se hubiera multiplicado. Igualmente se puede hablar de la gráfica digital. Se debe establecer la cancelación o destrucción de un archivo una vez que se haya realizado el tiraje correspondiente: numerándolo y autentificándolo para de esa manera garantizar un precio correcto en el mercado del arte.

La producción, numeración y manejo de copias en la gráfica tradicional y digital, así como en la fotografía análoga y digital, es punto medular para la regulación y estabilidad de los precios de las obras. Ahí está el caso que sufrieron Dalí y Miró, que de la noche a la mañana se desplomaron los precios de sus obras gráficas por la producción de sus impresores sin ética.

En todo este camino de análisis entre la gráfica tradicional y digital, existe el asunto de la permanencia de la imagen en los resultados digitales. Está más que comprobado por la historia que las técnicas tradicionales de la gráfica, han sido campeonas en la conservación de las copias, en ese campo también las tecnologías electrónicas tienen mucho que aprender. Hoy una salida electrónica en plotter o procesadoras digitales de fotografía tiene una garantía de existencia de por lo menos doscientos años en condiciones de luz controlada y estable. Eso ya es una ganancia. No obstante, el reto está en que las copias digitales en papel tengan una permanencia de por lo menos 500 años. Para eso, los ingenieros del mundo entero están trabajando a marchas forzadas. Habrá que confiar en que el triunfo de la permanencia de la imagen en la gráfica digital esté más que garantizado.

Para terminar este escrito, mientras escucho la música centenaria de Chopin en un equipo de sonido digital, se pueden formular las siguientes preguntas:
¿Los artistas e impresores de gráfica tradicional serán capaces de asimilar y aplicar los avances de la tecnología contemporánea? ¿El mercado del arte será capaz de cambiar los paradigmas que legitiman solamente las copias de grabado y litografía, y dar cabida a las obras de procesos digitales? ¿Las tecnologías contemporáneas abolirán con los años a la prensa litográfica, el tórculo y a la ampliadora fotográfica?

En este momento no se trata de buscar vencedores y vencidos en los procesos de la gráfica, o argumentar que las obras tradicionales son un anacronismo en extinción, y que lo digital será lo único válido. El asunto es asimilación, entendimiento, tolerancia, compresión, aprendizaje y evolución de artistas, impresores, galeros y coleccionistas, para crear una puerta entre la tradición centenaria del grabado y la litografía con los procesos y resultados de la gráfica digital.

Manuel Zabala Alonso
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