Blogia
Poligrafía Binaria

Técnica

La imagen de segunda generación en los proyectos de Alexander Sutulov (*)

Un proyecto artístico es más que el conjunto de escritos, dibujos y cálculos hechos para dar una idea de lo que será y costará una obra, tal como sucede en ingeniería o arquitectura, que es la definición, según el diccionario, de la palabra proyecto. Los proyectos de arte, que es lo que nos presenta aquí Alexander Sutulov, son una particular forma de reflexión, los que requieren de una comunidad para alcanzar su verdadero significado, valor y existencia. Proposición del artista que supera largamente cualquier afán didáctico y que establece una opción estética por algo que está por existir y que necesita del acercamiento de cada persona para que exista a la vez la oportunidad de hacerla suya. Esto, porque una idea, en el arte, no llama solamente a los saberes que la puedan hacer posible, convoca a la generosidad: a la alegría de darse más allá de los límites que se esperarían de las profesiones y los intereses particulares. Más que públicos o clientes, un proyecto de arte necesita actores.

El proyecto artístico

En estos años de tanto poder, al proyecto artístico, que es una potencia –por eso Sutulov trabaja, junto a los viejos oficios clásicos, con tecnologías digitales que son la frontera del desarrollo hoy día–, le cuesta vivir, posiblemente por la atomización de los lenguajes y saberes; cada uno quiere reducir el plan a su propio y cerrado coto de cacería sin que exista la plasticidad para ir más allá de las propias fronteras y articularse con otros: los fragmentos impiden el total, que es nuestra crisis contemporánea. Buena parte de estos problemas viene de confundir, con demasiada facilidad, a la capacidad humana de proyectarse con el imperio todopoderoso del futuro, que se ha convertido en una exigencia despótica y ya no en una posibilidad que ilumina el presente. De ahí viene gran parte de su riqueza y renovada inmortalidad para cada y diferente periodo humano que puede ver algo en ella: el arte, por más desoladora que sea con la realidad que trate, es un reposo.
En los pasos que Alexander Sutulov desarrolla sus proyectos destaca la plasticidad y diversidad de formas de expresión que puede alcanzar la obra y de donde viene buena parte de la riqueza para potenciarla, dependiendo de la técnica de impresión o medio que la hará visible. Esto es así porque el trabajo no termina en la imagen: simultáneamente existió una labor prolija y paciente investigando las posibles estructuras y superficies, y que se relaciona directamente con otros saberes: ingenieros, impresores, arquitectos, diseñadores tridimensionales, etc.

Los proyectos de Alexander Sutulov aquí expuestos son, tozudamente, el insistir en una posibilidad para la asociación y diálogo, dando bases para establecer un lenguaje que, sin hacer perder a los diferentes afluentes sus propias especificidades e integridades, sí pueda levantar una lengua común para conversar, para reflexionar. Por otro lado, como significado, estos proyectos interpelan a todo aquel que tiene algún poder sobre las decisiones que determinan que algo pueda existir: autoridades, financistas y técnicos. Interpelación para que se sumen como articuladores y no como dioses lejanos.

En los proyectos de Sutulov vemos recorridos humanos potenciados por un plan. El caminar de una persona ya no será el mismo si tiene la oportunidad de encontrarse con una obra de arte en su rutina. Eso buscan mostrarnos las realidades virtuales, los proyectos en tres dimensiones y planos: cómo sería un andar, un deambular, una espera, si ahí, cerca, existiera una obra de arte levantada por una comunidad. Mayor razón para que el arte nos salga al encuentro: llame nuestra atención y quizás un espacio, ese caminar, ese estar acompañado, o solo sea diferente: signifique algo.

Para el arte, para los significados, estos pueden ser tiempos de crisis, tiempos de disolución, pero el optar por un trabajo gráfico es para Sutulov una afirmación rotunda: los significados son posibles si hay comunidad, si la hacemos, si articulamos comunidad. Eso es cultura. Y los proyectos están aquí para hacer posible esa oportunidad.

El trabajo en la creación artística

En todo proyecto los pasos son importantes, de ellos depende la fluidez y el que no se traicione una idea, además de la constante evaluación para mejorar y asegurar que el resultado final cumpla todos los criterios de excelencia. En un proyecto de arte esas mismas etapas se convierten, a la vez, en un proceso de modulación que es parte constituyente y simbólica de la obra como arte. Esto es particularmente característico de la disciplina gráfica que comenzó –hace varios años ya– a rescatar e interrogarse por los elementos que la conforman como expresión: su origen en la obra multiejemplar, la separación de colores, los procedimientos de impresión, la serie, la imagen repetida, los bocetos y planos, la fotografía y las pruebas de impresión; confluyendo, además, en este oficio en particular, todas las formas en que la imagen es elaborada, captada o procesada. Hoy son los procesos digitales, la electrografía, los programas de edición de imágenes y las redes por donde la “información” viaja, los mapas de bits y las gráficas vectorizadas. Así las cosas, ¿cuál es el soporte hoy para una obra digital? ¿El disco óptico, la impresión Iris, la pantalla del computador, la litografía, la obra virtual? Todas son posibles. Y la constante es la información. Información que es una obra de arte.

La obra de Sutulov comienza con la búsqueda de las imágenes, algo que puede ser una investigación deliberada o un encuentro fortuito. Desde ahí cada imagen es valorada en una cantidad de relaciones que la definen: la foto que nos habla de una época, los trazos que hablan de una edad, el arte que expresa un ideal. Una vez seleccionadas o creadas, estas imágenes son digitalizadas: archivadas. Con esta meditación los medios electrónicos comienzan a ser forzados: ya no se tratará de lo que los programas puedan hacer, será lo que el artista les exige.

Desde ahí se inicia una etapa de composición, de bocetos, los que también serán digitales, para descomponerlos en los cuatro cauces de información cromática: el amarillo, el cyan, el magenta y el negro. Cada cauce, o imagen, será intervenido y compuesto con los otros al superponerlos produciendo una imagen final. Todo potenciado con la intervención del artista sobre cada uno de ellos o el total gracias a una verdadera cartografía: mapas para “entender” los cauces de las aguadas, los límites de las imágenes y sus encuentros, los recorridos de las líneas y las alturas de las luces y sombras de colores: paisajes para ser explorados, recorridos. Allí también suceden encuentros tanto planeados como fortuitos que potencian el trabajo, que lo vuelven a descubrir. Conformada la obra volverá a ser guardada, en estado latente, como un archivo digital, donde nuevamente será replanteada, reprocesada, redescubierta.

A cualquiera podría llamarle la atención que esta necesidad de diálogo que Sutulov le imprime a sus proyectos amenazara con hacer perder la integridad de una obra de arte. No hay que temer. La obra, ese archivo digital, es la integridad a la que se vuelve una y otra vez si hay dudas: se regresa a una obra y no a un boceto, es más poderosa que una simple referencia y allí descansa la entereza estética de los proyectos. Eso les permitirá moldearse de múltiples formas e, incluso, viajar por el espacio virtual: el formato digital.

La obra frente al taller del artista

El largo trayecto de Alexander Sutulov se inicia en Concepción, para luego dar curso a un recorrido que comprendió Norteamérica, Europa y Medio Oriente. A través de este pudo establecer, durante los últimos años una serie de coordenadas y puntos cardinales relacionados con su lugar de trabajo y con la creación de su obra. Como si cada ciudad, desde lo puramente geográfico, –desde las extensas áreas boscosas de Concepción al explanado desierto en el Oeste americano–, hubiesen impulsado un proceso de documentación de imágenes y experiencias que transitoriamente han ido depositando aspectos en la obra del artista. Y esta experiencia es la que ha ido modelando el proceso de trabajo de Alexander Sutulov convirtiendo la gestación artística en un procedimiento móvil

La idea del taller flotante es la de un espacio transitorio y distante: el proceso creador ya no está sujeto a la convencionalidad ni a la privación que significa el tradicional concepto de taller, donde el artista desarrolla la totalidad de su obra en un mismo espacio de trabajo. Así, ese dilatado continuo creador, es el marco en el que se han configurado los distintos factores que confluyen en las instancias y apertura del espacio, transitorio y distante. Cada etapa creativa es de carácter específico y requiere de múltiples fuentes a las que debe acudir y sintetizar para lograr su objetivo. el proceso se articula en la labor de numerosas personas de disciplinas, convergiendo desde diversas técnicas que imprimen su impronta, con experiencia y conocimiento, a lo que será la obra final. Todos ellos en diferentes lugares geográficos, lo que hace del proceso creativo una conjunción dinámica de lenguajes paralelos y transversales.

En términos generales, establece –desde la fragilidad de su concepto– un hilo conductor continuo, donde es posible determinar con exactitud el estado de avance del proyecto y obra. La rigurosidad de esta disciplina es un factor que se advierte a lo largo de la trayectoria artística de Alexander Sutulov: El dibujo, desde un principio estableció mi alfabeto, pero con el tiempo tuve la necesidad de ampliar mi gesto... el movimiento de mi brazo tenía un perímetro.

Esta idea confirma, al observarse su trabajo, la relevancia que le otorga al dibujo y al hecho de haber optado por el camino del arte digital, en particular, al conocerse las etapas que ejecuta para la creación de sus murales. Inicialmente, desarrolla su tarea a base de observaciones que se traducen en “ideas matrices” o imágenes llave, las que a nivel visual se retratan por medio del registro fotográfico. La elección de este medio, para dar cuenta de estas motivaciones visuales, se debe en gran medida, al modelo planteado por Roland Barthes, en su libro La Chambre Claire. Notes sur la photographie, donde señala: “Lo que la fotografía reproduce al infinito, únicamente ha tenido lugar una sola vez: la fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente”. Y pareciera ser ahí, donde el artista asume la seguidilla de desplazamientos mecánicos y conceptuales para configurar el archivo digital de cada obra.

Concluido el registro fotográfico, selecciona las imágenes que conformarán su imagen llave, o lo que él llama key black, acepción creada a partir del concepto “key block” –utilizado en el léxico técnico de impresión–. A partir de ellas, realizará dibujos, aguadas, texturas, entre otros, sobre películas transparentes. Todas, composiciones monocromáticas que configuran diferentes capas que actuarán como separación cromática –amarillo, cyan, magenta y negro–, y que podrán ser manipuladas al momento de introducirse en el archivo digital. Ellas serán superpuestas –al modo de una cuatricromía– para interactuar como un key black o imagen llave final. Esta dará origen a la fase que se denomina “etapa cero”, debido a la reducción cromática, compositiva y visual que se plantea al mínimo, en una total condición de austeridad productiva y que también será intervenida digitalmente.

La importancia de alterar la obra en esta fase, está en la posibilidad de realizar diferentes estados de un mismo trabajo, pudiendo enfatizar cualquiera de los rasgos gráficos que han intervenido en el key black final. Pero ahora, como otra obra autónoma y diferente de la que le dio la información digital.

Una vez realizada la manipulación en esta etapa, se procede al registro de la imagen final, lo que da lugar a la “etapa uno” o anteproyecto. El archivo digital es información acumulada que aún no ha cobrado materialidad, no se ha traducido a una realidad tangible, para emplazamientos públicos o trabajos elaborados como ediciones multiejemplares, litografías, serigrafías, etc. Sin embargo, gracias a la realidad virtual que es posible generar a través del computador, este anteproyecto puede ser trasladado a un lugar potencial de instalación, para proyectar y evaluar el impacto que podría ofrecer allí. Esto permite analizar la viabilidad de un eventual emplazamiento público considerando factores que de otro modo no podrían ser analizados.

Es así como la computación y la técnica digital se ha transformado en la herramienta base del arte de Alexander Sutulov, que le permite confeccionar obras con infinitas posibilidades. Más aún, a través de este método se pueden lograr efectos que las técnicas gráficas tradicionales no pueden, porque sus distintos elementos no operan de manera tan eficaz en áreas como la interacción tonal y cromática en su relación aditiva y substractiva: la gráfica se define como un pensamiento en reversa: pensar primero en lo que se va a hacer último.

La obra frente al espacio expositivo e instalatorio

Si se analiza bien, el concepto key black utilizado por Alexander Sutulov –como marca emblemática para su proyecto de obra mural–, encierra la idea de “llave maestra” como la de un mecanismo de trabajo que da la apertura a una puerta o ventana. Se entiende, en estricto lenguaje plástico, como la indagación al interior del cuadro a través de la extensión de este marco, lo que le permite acceder a un emplazamiento gráfico. Sin embargo, en el lenguaje técnico de la computación, la palabra “ventana” constituye un código de trabajo y específicamente, un programa ampliamente utilizado en nuestros días, por las más diversas disciplinas. Lo interesante de esto, es que enfrentado el usuario al computador, puede dar curso a una sumatoria de aberturas de ventanas –en este caso, archivos digitales– que le permiten navegar a través de la información de modo múltiple e infinito. Es decir, tanto en el uso del computador por parte del usuario como del artista, existe una clara actitud de enfrentar la información archivada, por medio de estas “llaves maestras”, que impiden caer en una deriva frente al vértigo de la información digital. Y en esto, Alexander Sutulov, es un claro ejemplo de ello, como un navegante entre dos aguas: la de artista y usuario, condición que lo ha llevado a reflexionar: si bien los medios electrónicos de comunicación que utilizamos hoy en día giran en torno a la difusión de la información, podemos observar que la implementación de estos mismos medios, en un plano o lenguaje plástico, adquiere valores muy distintos y a veces sorprendentes, ya que de su utilización escapan aspectos estrictamente funcionales, que puede tener un aparato electrónico determinado. Es así, como este proyecto de obra plantea la demostración de que los programas o computadores diseñados, pueden tener resultados inesperados, al darle una aplicación a un lenguaje puramente visual

Una de las mejores maneras de abordar la práctica del dibujo, en relación a la gráfica digital, es a través de la utilización del modelo key black, para explicar el uso de las imágenes que cierran la obra –desde lo cromático compositivo– y desde las cuales, se pueden sentar variaciones de la edición multiejemplar. En esos términos, key black, no sólo cierra sino también abre un cúmulo de posibilidades creativas, desde el carácter multiejemplar que funda en la imagen, la transitoriedad y fragmentación de su concepto. La raíz constructiva de esa idea se encuentra en la condición equidistante y central que establece los puentes de unión entre el archivo digital y las distintas formas y técnicas de impresión. Así, la obra digital de Alexander Sutulov lleva la conducción desde lo creativo y constitutivo a la vitalidad y versatilidad de este modelo de trabajo.


De lo anterior se desprende el deseo de establecer modalidades de interacción, trabajo y exhibición con otras disciplinas profesionales, pero también la de hacer extensiones expositivas con otras latitudes. En este sentido, Oriente se configura como la piedra angular del concepto key black, además de proponer una obra equidistante en las más diversas áreas del conocimiento humano.

En este marco de dialécticas constructivas para el proyecto de obra mural, la reflexión elaborada en 1919 por Oskar Schlemmer viene a introducir algunas consideraciones sobre el trabajo plástico en su dimensión de emplazamiento: “Mis cuadros son más bien tablas que escapan del marco, para integrarse en el muro y llegar a formar parte de una superficie mayor, de un espacio mayor que ellos mismos; esta parte de una arquitectura pensada, deseable, se halla condensada en ellos, comprimida en algo de menores proporciones, que sería la forma y la ley de su entorno. En ese sentido, son las tablas de la ley”.

La ley que establece Alexander Sutulov, para el emplazamiento de sus obras murales, en nada dista de la observación de Schlemmer. Es más, asumiendo las condiciones de trabajo de este artista alemán, Alexander Sutulov trabaja con los elementos de su tiempo, siendo la gráfica digital el paradigma de acción y reflexión frente a una realidad fragmentaria, múltiple y particularmente interconectada. El hace de la obra mural un mecanismo de trabajo altamente eficiente desde el orden material, agregando a esto el concepto que hay tras cada emplazamiento, que indica su permanencia y también su exhibición transitoria. No desde el friso consagratorio del museo, sino más bien, desde el espacio público, donde la obra más que acercarse al espectador, asumiendo una de las premisas del arte moderno, se hace partícipe de la realidad arquitectónica como emplazamiento, equipamiento, etc.

Ciertamente, las investigaciones de Alexander Sutulov encaminadas por la vía de la gráfica digital y vertidas en la obra mural, recién están tomando el curso trazado. Pero no menos cierto es cómo, paulatinamente, el quiebre de los sistemas de exhibición y consumo artístico han ido dando paso a esta modalidad, donde la obra artística se ve arraigada en un entorno específico.

(*) Extraído de los catálogos de las exhibiciones Proyecto Mural Historia de la Minería Chilena (Santiago, Chile, abril de 1998) por Luis Catalán Torres y Proyecto KEY BLACK: Gráfica del Sur (Santiago, Chile, junio 1996), diálogos entre Alexander Sutulov y Carlos Navarrete.

http://www.enfocarte.com/4.24/sutulov2.html

Imagen digital: lecturas híbridas

José Gómez Isla

RESUMEN

La hibridación y eliminación de fronteras entre disciplinas visuales ha supuesto la incorporación de las nuevas tecnologías al mundo de la creación contemporánea. A su vez, la facilidad del propio medio digital y la incorporación masiva de imágenes de síntesis puede generar un cierto peligro cuando los creadores pierden la perspectiva y se dejan llevar por un nuevo tipo demanierismo o pictorialismo) que las herramientas de manipulación digital pueden producir sistemáticamente.

PALABRAS CLAVE: hibridación, fotografismo, pictorialismo, simulación, estampa digital, poligrafía, digitograma, grabado, manipulación, fotomontaje, fotopolíptico.

El material gráfico y teórico que aquí se presenta nació en el senodel Seminario de fotografía de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, que desde hace ya varios meses viene planteando diversos enfoques a la problemática generada en torno a la imagen y las nuevas tecnologías digitales. La exposición "La estampa digital", celebrada durante el mes de mayo de 1998 en la Calcografía Nacional, fue el punto de partida para nuestra reflexión. Esta exposición englobó diversas propuestas en torno a la imagen generada o tratada por medios digitales y nuevas técnicas de impresión. En aquel momento, tuvimos la sensación de estar asistiendo a un mestizaje singular entre disciplinas hasta entonces irreconciliables. Sin embargo, en esta muestra convivían sin aparentes conflictos medios tan dispares como el grabado tradicional, la infografía, la fotografía o incluso la propia escultura generada por ordenador. Todo IMAGEN DIGITAL: LECTURAS HÍBRIDAS
63 esto se justificaba, no sólo por la asunción de las nuevas tecnologías bajo el término inglés print, sino también porque estos procedimientos
se redefinían bajo el denominador común de imagen múltiple generada digitalmente.

No me voy a centrar tanto en cuestiones técnicas y formales, sino en ómo las nuevas tecnologías pueden transformar conceptualmente los modelos de creación. Y me voy a ceñir casi exclusivamente al campo fotográfico.

Las nuevas tecnologías han servido para dar un vuelco radical a la estética de la última década. Hasta ese momento la fotografía había sido
el medio por excelencia para representar fielmente la realidad. Sin embargo, ahora que la imagen puede ser manipulada electrónicamente, se está comenzando a cuestionar ese criterio de autenticidad otorgado medio fotográfico, como prueba testimonial de la realidad existente al tro lado de la cámara. La tecnología digital despoja a la fotografía de su egado de verdad y rompe definitivamente esa conexión existencial, hasta ahora indisoluble con su referente. Muchos estudiosos vaticinan ya a muerte de la fotografía tal y como la conocemos hoy, para dar paso a una era post-fotográfica, en la que la imagen se vuelve cada vez más maleable y manipulable; una era donde lo real y lo irreal (nunca mejor que ahora definido por su categoría virtual) comienzan a mezclarse indisolublemente. Las nuevas imágenes sintéticas parecen haberse centrado especialmente en la idea de la "pérdida de lo real", puesto que
la propia realidad ha comenzado a ser reemplazada por el mundo de la simulación digital.

Quizás no podamos considerar a la imagen digital como plenamente fotográfica, a pesar de que a menudo parta de ella. Al trasvasar una imagen analógica a lenguaje-máquina, estos pixeles pueden ser manipulados a voluntad, de forma que podemos simular otra realidad distinta a la de partida; tendríamos que hablar, por tanto, de una "hiperrealidad sintética", que viene a sustituir a la realidad convencional. Con los nuevos programas de infografía, 3D y retoque fotográfico, las imágenes ya no pertenecen a una disciplina en particular, sino que se rigen por unas nuevas leyes que van a ser comunes a todos ellas.

Por tanto, no podemos hablar como tal de fotografía digital pura. Sería más bien otro procedimiento que estaría aún por definir y que asimila características de otros medios de creación de imágenes, como materia prima. Estas disciplinas afectadas también van a perder su propia identidad para diluirse en lo digital y compartir procesos de producción comunes con otros medios visuales de creación. De esta forma, por ejemplo, los límites entre grabado, infografía o fotografía digital comienzan a diluirse, en tanto que disciplinas autónomas, y empiezan a compartir procedimientos comunes de manipulación y tratamiento de imágenes. El motivo principal por el que no puede concebirse como fotografía pura a este nuevo procedimiento de obtención de imágenes, s la intervención de una serie de factores absolutamente extra-fotográficos. Uno de ellos es, esencialmente, la manipulación tan sencilla que permite la imagen tratada por el ordenador. El retoque fotográfico arruina definitivamente la teoría de la fotografía pura y la transparencia ante la realidad que registra.

Toda imagen fotográfica puede ser puesta bajo sospecha. Asistimos definitivamente al nacimiento de un arte de la simulación.

Sin embargo, desde el mismo momento del nacimiento de la fotografía, la imagen ha sido sometida a todo tipo de manipulaciones. No hay que olvidar que los fotógrafos rusos, fieles al régimen stalinista, eran unos maestros en hacer desaparecer a personas non gratas de las fotografías oficiales, pervirtiendo así ostensiblemente la realidad registrada por la cámara sin que se notara su manipulación. También el fotomontaje ha acompañado desde sus orígenes a la historia de la fotografía con el propósito de descontextualizar de su entorno diversos fragmentos de realidad para formar una nueva realidad inventada. Si a través del fotomontaje la realidad fotográfica es falseada intencionadamente para transmitir un mensaje visual claro, no debía sorprendernos, en principio, que esto mismo se haga ahora abiertamente con los nuevos procedimientos digitales. La tecnología digital aporta una serie de característicascomunes a todos los medios tradicionales de producción de imágenes y, a su vez, su naturaleza la hace diferente a todos ellos. Se trataría, pues, más bien de una disciplina híbrida que ya no nos permite hablar de lo puramente calcográfico o de lo puramente otográfico, sino de algo aún por definir que comparten ambos lenguajes.
Si nos remontamos al constructivismo ruso, fotomontadores como Rodchenko o El Lissitzky, hablaban ya de un término híbrido para definir
sus creaciones pseudo-fotográficas. De hecho, muchas de sus obras fueron destinadas a transmitir un mensaje político y renovador a través
de la prensa escrita. El término en cuestión fue bautizado con el nombre de "Poligrafía". Lo que ellos llamaban poligrafía en el fondo no era más
que la fusión entre fotografía, collage, diseño y tipografía, pasado todo ello por el tamiz de la fotomecánica.

La pregunta siguiente, por tanto, es: ¿No estaremos asistiendo acaso con los nuevos medios tecnológicos a un proceso parecido, como una especie de poligrafía digital que nos permite combinar varias disciplinas tradicionales y comenzar a borrar los límites entre ellas? La fotografía, por muy digital y manipulada que sea, sigue precisando inicialmente de un proceso óptico que es lo que le da carta de naturaleza como registro de lo real. Puede que ya no sean granos de plata metálica los que configuren esa imagen fotosensible, pero indudablemente la génesis de esa información digital en nada se asemeja al proceso gráfico y manual de generar imágenes a través de un ratón o un lápiz óptico.
Lo que diferencia a la fotografía tradicional de este nuevo tipo de fotomontaje virtual es que, aunque la imagen pueda ser manipulada en el momento de la toma, la fotografía documental no admite éticamente la posibilidad de manipulación a posteriori tras su obtención.

En el fotomontaje clásico no importaba en absoluto que se viesen las costuras en la imagen final (el recorte descarado de tijeras), y la falta de integración visual entre los diversos elementos que componían la imagen. Todo estaba justificado en función del sentido que la imagen tomaba como relato construido con una determinada intencionalidad. El
falseamiento era evidente. No había intención alguna de engañar a nadie, y se incidía voluntariamente en el carácter construido de la imagen.

Sin embargo, los mundos virtuales de última generación nos abren un nuevo abanico de posibilidades que hace unos años eran insospechadas. La fotografía digital funciona, casi siempre, como una especie de fotomontaje tecnológicamente más avanzado que ahora sí pretende disimular sistemáticamente los puntos de sutura entre los distintos fragmentos seleccionados y fusionados. Ya no hay tijeretazos contundentes, sino imágenes que se integran suavemente, ocultando insistentemente el proceso de manipulación.

Esto permite que este mundo digital, completamente reconstruido en el ordenador, parezca inquietantemente real a pesar de esa segunda génesis virtual.

En realidad, el procedimiento digital no es tan revolucionario como a primera vista pudiera parecer, ya que se basa en propuestas planteadas por las artes anteriores, fagocitando sus apariencias y elementos distintivos. De esta manera, la tecnología digital consigue integrar todas ellas haciendo partícipes a unas de los procedimientos habituales de las otras. A lo que asistimos, como asegura Michelle Henning, "no es tanto a una cultura digital que sustituya los viejos medios de producción de imágenes, sino al aumento vertiginoso del proceso de digitalización de esos mismos medios tradicionales." 1

La fotografía digitalizada permite la manipulación de la imagen hacia otra cosa que ya no es fotografía pura. Por tanto, ¿se encamina el arte digital hacia un nuevo pictorialismo, como asegura José Luis Brea? 2
Ante ese exceso de hiperrealidad que proporciona lo digital, (de lo más
visible que lo visible) parecería que todo atisbo de pictorialismo ha sido
desterrado de la imagen fotográfica. Sin embargo, si damos la vuelta a
la tortilla y, en lugar de ocultar las costuras del montaje (o fotocollage)
para que la foto parezca más creíble, lo que hiciésemos fuese manipular
la imagen en sentido contrario para que pierda precisamente su apariencia fotográfica como tal, lo que finalmente obtenemos (tanto en
una como en otra dirección) es una imagen que oculta precisamente su
propia condición fotográfica para parecerse a otra cosa híbrida completamente distinta.

En esta fortaleza de la naturaleza híbrida del nuevo medio digital es, precisamente, donde reside la potencia del relato artístico de este fin de milenio. Lo importante es contar lo que uno quiere contar, al margen de la herramienta utilizada.

No importará ya tanto la naturaleza del procedimiento empleado como la intencionalidad con la que se articulan los resultados. Y, para conseguirlo, qué mejor que un medio puramente "híbrido" como el digital, que pone a nuestra disposición todas las ventajas y facilidades de los medios de producción tradicionales y que, a su vez, despoja de su naturaleza técnica precisamente todas las debilidades de sus antecesores.

Sin embargo, y a pesar de todo, el discurso dominante en la actualidad consiste precisamente en que la imagen digital siga pareciendo real, en tanto que registro fotográfico, a pesar de su manipulación flagrante por parte de las nuevas tecnologías de la imagen.

Inevitablemente, este discurso finisecular merodea en torno a un nuevo pictorialismo, por llamarlo así, conceptualmente similar al de finales del XIX. En aquella ocasión, la fotografía quería parecerse a toda costa a la pintura, para dotarse de una cierta artisticidad que le era negada sistemáticamente por su exceso de realismo.

¿No estará ocurriendo ahora precisamente el proceso inverso, es decir, que el medio digital, mediante un proceso de ocultación, está acabando por mimetizarse indiscriminadamente con cualquier otra disciplina para intentar ganarse de esta forma su condición de artisticidad al igual que en su día ocurrió con la fotografía?

¿No será acaso la naturaleza camaleónica del nuevo medio, ese tomar lenguajes prestados que no le son propios, la condición inherente del universo digital? Quizás esta nueva tecnología digital no sea más que un fiel reflejo del signo de los tiempos que corren, donde la imagen –en el éxtasis máximo de su apariencia- tiende precisamente hacia su desaparición y ocultamiento, a vaciarse de contenido y significado.

Si hasta el momento la fotografía precisaba del referente para adquirir u auténtica carta de naturaleza (es decir, del modelo al otro lado del objetivo), ahora el nuevo producto digital, a priori, no precisa de referente alguno, ya que es capaz de crear su propio mundo virtual en 3D a partir de la nada. Aunque también es cierto que, con las posibilidades de los actuales programas de retoque fotográfico, este procedimiento también permite la modificación de una realidad ya existente. Es más, con la imagen digital, además de registrar al referente, también podemos construirlo, como el caso de las imágenes de Keith Cottingham, que nos habla de retratos ficticios, que no existen,
ya que el previamente construye un modelo en cera que escanea y que
posteriormente recubre digitalmente de piel y pelo, y le acaba dando

una apariencia puramente fotográfica. No existe el referente real, sino que se éste construye en la pantalla.
Si la existencia del pictorialismo fotográfico de finales del siglo pasado se justificaba por su deseo de asemejarse a la pintura para dotarse de un reconocimiento y una cierta artisticidad, ¿no estaremos asistiendo con los nuevos procesos digitales de simulación a un nuevo tipo de pictorialismo tecnológico? Aunque, más correctamente cabría decir que este deseo de lo digital por fagocitar lo fotográfico como materia prima, como carne de escáner, en su afán de mimetizarse con él, más que
pictorialismo propiamente dicho, quizás pueda ser definido como una especie fotografismo digital.

DIVISIÓN TEMÁTICA DE LAS IMÁGENES DEL MONOGRÁFICO.
En el citado seminario de investigación de la Facultad de Bellas Artes de Madrid se ha apuntado una propuesta dirigida en sentido contrario a la tendencia dominante en la fotografía digital de creación de la que venimos hablando. En lugar de proponer un arte de la simulación, de lo más fotográfico que lo fotográfico, de lo más visible que lo visible (como diría Baudrillard),3 se ha planteado aquí un juego formal completamente diferente. El tema común para esta propuesta alternativa a la corriente preponderante fue el árbol, un tema aparentemente neutral que sirvió como punto de arranque de nuestras reflexiones y disquisiciones de trabajo. Las imágenes a las que se pretendía llegar eran completamente opuestas al exceso de realidad que nos ofrece la manipulación digital; se trataba más bien de bañar a las imágenes fotográficas resultantes de una irrealidad evidente. Se aprovechó el procedimiento híbrido que ofrecía la herramienta digital para eliminar el contenido de realidad del medio fotográfico y convertirlo así en una suerte de poligrafía digital donde entraron en juego otro tipo de condicionantes como la calidad, la textura, la apariencia de grabado, el tipo de impresión, el papel soporte elegido, etc. La propuesta planteada sería pues una vuelta de tuerca más en este "arte de la simulación" y de la manipulación del que venimos hablando. Pero, en lugar de engañar al ojo para crear imágenes
verosímiles, los esfuerzos se centraron en eliminar precisamente el exceso de realidad que pudieran tener estas imágenes fotográficas, velando, u "ocultando" en cierta medida, la naturaleza óptica de la imagen inicial para acercarse más al mundo del arte gráfico. Las imágenes estarían subdivididas en varias categorías según la intención de cada creador a la hora de manejar el medio, y también de su apariencia final. Hemos decidido agrupar las imágenes resultantes en cinco bloques, a saber:

1. Fotografía sin aparente manipulación. En este caso la imagen no era sometida a ningún proceso de intervención más que el derivado de la digitalización del escáner. Sin embargo, este proceso ya genera inevitablemente una serie de ruidos propios del trasvase fotosensible a su codificación en pixeles. En ocasiones, este tipo de ruido digital resultaba más visible y otras se hacía apenas imperceptible, sobre todo cuando la resolución de la imagen pixelada era muy alta.

2. Fotomontajes y fotopolípticos digitales. Bajo esta denominación se trataba de aglutinar en una misma imagen propuestas cercanas al collage fotográfico pero, en este caso, utilizando los filtros y las herramientas de retoque que permiten los programas digitales de retoque fotográfico. Fundamentalmente se ha trabajado con Photoshop. Dependerá de la intencionalidad del creador el hecho de que la incrustación de una imagen con otra sea visible o no, realizando un corte radical entre imágenes o una fusión indetectabl eentre las mismas.

3. Digitogramas.4 Hemos agrupado bajo esta denominación a todo tipo
de imágenes de aspecto puramente fotográfico, aunque para su obtención (captación o registro) no se haya utilizado ningún tipo de cámara fotográfica. Estas imágenes vienen generadas como fruto del roceso directo de digitalización de un objeto en tres dimensiones directamente desde la pantalla del escáner. Este tipo de imágenes, genera una serie de ruidos propios de la naturaleza digital, más que de la puramente fotográfica, (como por ejemplo barridos de escáner, enfoque invariable sólo en el primer plano, es decir, aquel que se encuentra pegado materialmente a la pantalla, etc.)

4. Fotografía-grabado (con una remota similitud a los autocromos fotográficos). Mediante una serie de herramientas de retoque digital, estas imágenes se acercan mucho más a la apariencia de imágenes procedentes del arte gráfico, con tratamiento manual, que a imágenes generadas fotográficamente. De cualquier forma, esto puede ser en cierto modo un nuevo tipo de lenguaje gráfico, ya que, para acabar adquiriendo esta apariencia, muchas de las herramientas utilizadas precisaban de un retoque manual y selectivo sobre la imagen de partida. Este efecto se vio acentuado cuando la imagen era impresa digitalmente con papeles de grabado, de acuarela, o sobre cualquier soporte no completamente liso que resaltara la textura creada al imprimir.

5. Fotografía -simulación. Conseguida mediante la utilización de las herramientas que nos proporciona el medio digital para que la imagen parezca más realista de lo que es, como una especie de trampantojo poderosamente convincente que nos hace dudar entre la verdad pura y el engaño total. Esta es, quizás, la tendencia dominante en este fin de milenio.

Estas propuestas alternativas pueden ser contempladas en los cinco apartados en los que hemos dividido el porfolio que acompaña a los textos en esta sección monográfica. Los creadores pertenecientes al seminario de fotografía que, a su vez participaron con sus imágenes en estas jornadas técnicas de arte gráfico antes reseñadas en el marco de la feria Estampa'98, fueron: Esther Berdión, Luis Castelo, Enrique Corrales, María José Gómez Redondo, Toya Legido, Jaime Munárriz, Joaquín Perea, Carmen Romero, Carmen Van den Eynde y Carlos Villasante.

1 HENNING, Michel. "Encuentros digitales: pasados míticos y presencia
electrónica". Texto recogido en La imagen fotográfica en la cultura
digital. Compilador: Martin Lister. Ed. Paidós Ibérica, S.A., Barcelona, 1ª
edición, 1997. Pág. 286.
2 Cfr. BREA, José Luis. Un ruido secreto. El arte en la era póstuma de la
cultura. Ed. Mestizo, A.C., Murcia, 1996.
3 Cfr. BAUDRILLARD, Jean. L'autre par lui-même. Editions Galilée, París,
1987.
4 Esta acepción se debe a Joaquín Perea, utilizada en el curso de las
discusiones del Seminario de Fotografía. Años 1998-99.

José Gómez Isla

Procedimientos digitales artísticos

González Gómez de Aranda, Serafín Puyol Cuesta, Pablo Rodríguez Polo, Estrella

La irrupción de la informática en nuestra vida cotidiana ha influido de modo determinante en todos sus aspectos, incluida por supuesto nuestra cultura. La manipulación y tratamiento de información, más concretamente de imágenes, abre una nueva puerta a la experimentación y a la creación de objetos y discursos artísticos que, sin duda, son actualidad en los circuitos contemporáneos y en otros ámbitos de nuestra sociedad, como la publicidad, el diseño o el cine.
El propósito de éste trabajo es realizar una visión general de los medios, procedimientos y materiales que constituyen los sistemas digitales artísticos, abarcando los métodos de creación, manipulación y salida a soporte físico y, en última instancia, especificar cuales son las posibles combinaciones con los materiales tradicionales.

ÍNDICE

1.- INTRODUCCIÓN AL MUNDO DIGITAL
1.1.- ASPECTOS BÁSICOS DE LA ERA DIGITAL
1.2.- DÍGITOS. UNIDADES DEL SISTEMA
1.3.- PROCESAMIENTO DE LA INFORMACIÓN
2.- HARDWARE; ÚTILES DE TRABAJO
2.1- PERIFERICOS
Escáneres planos
Escáneres de transparencias
Escáneres de tambor
Escáneres de mano
Cámaras de vídeo
La cámara digital
3.- TÉCNICAS DE PROCESAMIENTO DE LA IMAGEN
3.1.- CREACIÓN Y EDICIÓN
3.1.1.- CLASIFICACIÓN DEL SOFTWARE
a) IMAGEN BITMAP
b) GRÁFICO VECTORIAL
c) MUNDO 3D
3.2.- CAPTURA. DISPOSITIVOS DE ENTRADA
CAPTURA
a) Captura “completa” sobre la superficie única de CCD
b) Captura de “barrido
FORMATOS COMUNES
TRATAMIENTO BÁSICO
4.- SALIDA
4.1.- SISTEMAS DE IMPRESIÓN DIGITAL
a) INYECCIÓN DE TINTA
b) GICLEE
c) DIGITOGRAPH
d) REPLIGRAPH
e) IMPRESIÓN POR TRANSFERENCIA DE PIGMENTOS
f) LUMINAGE TM
g) CHROMAPRESS
h) COLORSPAN
i) ARTAGRAPH
j) SISTEMAS DIGITALES FOTOGRÁFICOS (LAMBDA y DIGITAL LAB
K) OFFSET Y HUECOGRABADO
4.2 - TINTAS Y PERMANENCIA DE LOS COLORES
CARACTERÍSTICAS
DURABILIDAD
4.3.- SOPORTES
PAPELES
a) Papeles de Artes Gráficas
b) Papeles para Impresiones Digitales
PLÁSTICOS
OTROS MATERIALES
4.4.- ACABADOS Y MANIPULADOS
5.- CONCLUSIÓN
6.- BIBLIOGRAFÍA

Gómez Valverde, Raúl
González Gómez de Aranda, Serafín
Puyol Cuesta, Pablo
Rodríguez Polo, Estrella

La Huella Electrográfica.- Topografías-Toponimias.

Jesús Pastor

Suele atribuirse a la fotografía la condición imaginante que desata los mecanismos
de proyección y asociación del sujeto fijando sobre un papel de dos dimensiones alusiones mentales en base a una iconografía que revela lecturas narrativas de lo real. El recuerdo virtual como enlace entre asociaciones permite la avocación, no exenta de represión
y censura, al estar ligada a la afectividad. Pero cuando la avocación no es sólo espejismo, sino memoria y recuerdo, va siempre ligada a la acción del pensamiento. La elevada iconicidad de la fotografía sirve como talismán catalizador para, en un primer momento, aunarse al suceso, luego sustituirle y testificarle y, finalmente, ofertar al sujeto la sublimación, el instinto, la sensación, la inhibición, la conciencia o la manipulación.

Valga lo dicho para establecer referencias respecto de ciertas cuestiones estructurales y connotativas de la electrografía. Si bien la fotografía puede en alguno de sus relatos leerse en conexión con mecanismos de la memoria, sin saber muy bien como precisar la amplitud del concepto, la electrografía limita drásticamente los aspectos referenciales con la realidad objetivada, desplazando las alusiones hacia terrenos más gráficos que representativos.
El valor dado a la fotografía como documentos parece el aval que certifica la validez de los sucesos reales, lo que da pie a la falsificación de la imagen fotográfica en aras de la modificación de la historia, tal como algunas falsificaciones célebres lo corroboran. La fotocopia, sin embargo, carece de la condición testifical, a nadie se le ocurriría dar valor notarial a una copia electrográfica, a lo mas, su homologación dependería de la existencia de otro documento, una fotografía que identificara la copia como tal. El suceso, el fotógrafo y la cámara como factor técnico aparentemente no implicado, garantizan la fotografía como reflejo real de lo real. En cambio la electrografía basa gran parte de sus creaciones en la imagen icónica fotográfica, convirtiéndolas en una mirada de segundo orden sobre el suceso.

La fotografía capta, con apariencia aséptica, la historia. La electrografía reproduce
el documento del suceso. No existe electrografía de reportaje. Los aspectos distintos de ambos medios entrañan concepciones diferenciadas en la captación, reproducción y creación de imágenes. El tiempo es intrínseco a la fotografía, siempre en pasado, desde una concepción lineal y pensado como historia del suceso así como la representación icónica del contexto y la luz descubriendo profundidades y volúmenes completan la ilusión. Sin estar muy claros los porqués, parece, sin embargo, que el color no forma parte mas que lateralmente de la seducción y es la abstracción del blanco y negro lo que más visos de convicción muestra.
La electrografía, en cambio, en la aprehensión de lo real cuenta con una sola iluminación artificial y con una superficie porta-originales que sólo atrapa lo que se sitúa encima y aun con drásticos limites de tamaño y peso, con lo cual, el tiempo como historia no existe, al no ser posible el contexto ni el suceso. Nos encontramos pues, con una reproducción icónica descontextualizada e luminada lateralmente de forma artificial. Nos encontramos con la respuesta a una escenografía realizada en un plano frente a la respuesta a una escena compuesta en un espacio.

Se podría establecer que las formas de representación icónica entre la imagen fotográfica y la electrográfica con contrapuestas en muchos sentidos. Si bien la primera es contextual, histórica, posible en un espacio, indiscriminada en sus detalles y codificada por la perspectiva cónica, la segunda carece de contexto, sucede en un espacio, es ahistórica, es analítica y sobre todo la forma de representación es topográfica. Los grados de iconicidad entre ambas son también diferentes en la medida que la electrografía se aleja mas de la convicción naturalista de la fotografía por su mayor carácter gráfico.
La electrografía puede pensarse como un proceso técnico de carácter nalíticotopográfico que actúa sobre una limitada selección de objetos reales o sobre documentos ya sean icónicos o simbólicos.
La mentalidad que subyace a este planteamiento considera la fotografía como elemento base sobre el que intervenir, como documento sobre el que trabajar modificando su sentido primero.
La relación entre electrografía y fotografía se situaría en un amplio campo en el que la significación social, simbólica o expresiva de la fotografía no sólo es mostrada como tal sino que se toma como lugar de cruce con otras actitudes, procedimientos o lenguajes artísticos. Y aun, desde una concepción mas generosa, por lo tanto mas débil, el marco referencial se ampliaría hasta aquellas formas creativas que acceden a una historicidad, mas o menos lejana, en forma de documento, más o menos objetivado, como son los textos, reproducciones gráficas, crónicas o imágenes. En la actualidad las fotocopiadoras son en su mayoría digitales, su uso comporta incrustarse de lleno en el enfrentamiento entre lo analógico y lo digital, entre la analogía de la fotografía y la digitalización de la electrografía, tomado el debate no sólo desde el sesgo fomal-sintáctica, sino en la pre-visión del resultado mediante la traducción de la acción a ordenes operativas dadas en las techas de la maquinaria utilizada.

Andreas Muller-Phole, director de la revista European Photography llegaba a plantear la cuestión en términos de colonización de lo digital sobre la materia rima de la fotografía, pronosticando la muerte de la fotografía debido a lo que él denominaba “muerte tecnológica” (1).
La relación inevitable entre la fotografía y la electrografía como concreción de la polémica más amplia entre lo analógico y lo digital induce a la reflexión de dos aspectos comunes a ambas, como son las cuestiones de la identidad y de la credibilidad. ¿Qué sucede cuando una fotografía es fotocopiada o resuelta en cibacrome?. ¿Qué cambios se producen cuando una fotografía es escaneada, tratada en pantalla y finalmente impresa en una fotocopiadora o en una impresora de burbujas, todo ello conectado con cable?.

¿Qué efecto produce el positivado de un negativo realizado en una fotocopiadora en fragmentos de Din A4?. ¿Cómo modifican los ruidos visuales de la electrografía la sintaxis de conformación formal de la fotografía? o, quizás también, ¿qué valor añadido adquiere la fotografía tomada en el lugar del suceso y transmitida seguidamente vía satélite a los faxes de las agencias de noticias o las redacciones de los periódicos.?.

El otro efecto del enfrentamiento ó del hermanamiento de la fotografía y la electrografía digital y, todavía mas, con las tecnologías de tratamiento de imagen, es el cuestionamiento de la credibilidad de la misma, si bien esta había sido ya cuestionada casi en el mismo nacimiento de la fotografía. Pero es con la aparición de lo digital cuando la capacidad de tratamiento, modificación o falsificación adquiere una potencia verdaderamente notable. Se ha llegado al punto de que algunos fotógrafos nieguen vehementemente el maridaje entre ambas. Tomás Manrique, abordando la cuestión relativa a las nuevas tecnologías, ante la pregunta “¿A quién se le ha ocurrido emparentarlas con la fotografía?”, responde: “Si se empeñan en meter a todos en el mismo saco llegará un momento en el que el auténtico fotógrafo se considerará así mismo como una reliquia.”

(2)
Tampoco faltan defensores de posiciones distintas como la del fotógrafo Gregory Heisler: “La creación de imágenes por medios digitales brinda mayor flexibilidad y es más controlable que por los métodos tradicionales de fotomontaje en cuarto oscuro.”
(3).
Lo que, en el fondo, late entre ambas declaraciones son dos ideas distintas de la fotografía, una define la imagen como captura, encuentro, hallazgo o aprehensión. La otra como puesta en escena, montaje, tratamiento o manipulación. Es en esta última donde situamos la electrografía como una de las estrategias de desplazamiento respecto a la imagen de origen fotográfico.
Las creaciones electrográficas, a lo largo de su corta historia, han dado lugar a un tipo de imaginería fácilmente identificable por sus rasgos gráficos, umbral de definición, tipo específico de pigmentación, unificación del soporte a tamaños estándar (aunque existen procesos de transferencia que permiten reportarla a muy diferentes superficies), erosión de las masas, restricción del tono continuo, o aumento de contraste. Identificable, también es el modo estructural de construir la imagen en los barridos, en la manera de iluminar los objetos, en la forma de plasmar el cuerpo humano y el rostro, o en la posibilidad de realizar montajes y superposiciones. Siempre desde la referencia de la imagen creativa, la electrografía gira, como otras estrategias de otros lenguajes, hacia desplazamientos de tipo estético, social-político, o tecnológico. Pero, quizás en la actualidad, sean los descentramientos tecnológicos y social-político los mas determinantes en las creaciones electrográficas; el tecnológico por lavariedad de resultados obtenidos en una cadena de medios que une fotografía analógica, fotografía digital, video, escáneres, programas de software, pantallas, impresoras
electrográficas, impresoras de burbujas, filmadoras, etc.; el social-político desde na posición crítica merced a la capacidad de circulación de la imagen, por su normalidad, por su facilidad de uso, por la importancia de conformación de y en la información frente a los objetos, por la capacidad de difusión en los canales de los medias y por la instantaneidad en la transmisión de las señales.
—————————————————————
NOTAS
1.- MULLER-PHOLE, Andreas: “De Photographic Dimensions”, Conferencia pronunciada en el curso “La fotografía en el arte contemporáneo”, Facultad de Periodismo de Santiago de Compostela. 6 Septiembre 1994. (Director de European Photography ).

2.- LORENZO, Asunción: “Entrevista a Tomás Manrique”, ON/OF , Nº 30, Madrid, 1994, pág.34.

3.- ”Gregory Heisler”, Fotografía Internacional , Nº 1, Eastman Kodak Company Ed. ,Rochester, 1993, p.s/n.

IMÁGENES SUGERIDAS PARA EL TEXTO
1- Fotografía de reportaje de Juan Antonio Rodríguez.
2- Xilografía de reportaje tomada de La Ilustración española y Americana. Puede
ser también una xilografía de la misma revista pero tomada de un cuadro.
3- Imagen de Sherrie Levine de la serie Deconstrucción de Vives Klein.
4- Obra electrográfica de un “bodegón”. Puede ser el guante de Les Levine de la 1ª muestra electrográfica. Puede ser de Arnold, de F. Jhon, la mano de Boissonet,
una de Castagnoli, de Firpo, de Christensen o bien de otro artista.
5- Obra de marcado contenido social o político. Puede ser una serie de sellos, un calleja, una performance, un cuerpo en la fotocopiadora, una transferencia a plástico de la canadiense, etc.
6- Una obra de tipo superficies de Duran, de Mathieut, el Xerox Book, la portada de W:Benjamín.
7- Una obra de un retrato fotográfico manipulada con electrografía. Puede ser de Charboneau, el retrato de Munari echo por él, o bien otra imagen de otro artista.

Nota para Ramón: Estas son solo sugerencias, podemos hablarlas y en tu mano dejo sustituir alguna de ellas por otras mas modernas o por otras que interesen mas.

“PHOTOVISION”
REVISTA DE FOTOGRAFÍA
”Huellas.- De la memoria atrapada”.

Jesús Pastor

El presente atrapado de la fotografía

Luis Alonso García

RESUMEN: El autor plantea la construcción de una nueva historiografía de la fotografía. La importancia de la revolución ideotecnológica surgida en el medio fotográfico resulta incuestionable para el devenir de las imágenes contemporáneas. El verdadero cambio se fundamenta pues en el registro maquinal de huellas de lo real en bruto. Pero la primera consecuencia de tal emergencia ha sido la destrucción misma de la idea de temporalidad, de pasado, presente y futuro, subsumidos en la huidiza idea de actualidad. La historia de la fotografía, en la asunción radical de lo fotográfico como componente esencial de la Modernidad, se vuelve así una arqueología y genética de todas las imágenes en cada imagen, de todas las prácticas en cada práctica.

PALABRAS CLAVE: Fotografía, historiografía, noesis, tecnoideología, posmodernidad, hipertextualidad, registro, huella, trampantojo, infografía.

----------------------------------------------------------------------------

Por el difícil acceso a la actualidad

Partamos de un hecho evidente: la complejidad de las relaciones de nuestra época con la temporalidad. En los bordes tontos de un próximo cambio numérico de siglo y de milenio (y el d/efecto 2.000 realmente fue y es nuestro exceso en pensarlo) estamos atrapados entre los dos extremos de un devenir.

En un extremo, el pasado. A un tiempo realmente vivido y, sin embargo, "necesariamente olvidado" (Augé, 1998). Aunque las ya experimentadas nuevas tecnologías digitales nos prometen y nos amenazan, por mor de la capacidad de almacenamiento y procesamiento digital, con impedir que olvidemos todo (casi todo) lo vivido y seamos entonces incapaces de recordar algo (casi nada) de esa vida, pues recordarlo todo sería gastar la vida en lo vivido.

En el otro extremo, el futuro. A un tiempo sólo soñado, intuido y, sin embargo, constantemente previsto, anunciado (y puede tomarse la "anunciación" en su doble sentido bíblico: vaticinio y alucinación). Pues las experimentales nuevas tecnologías digitales de la acción y la información vienen precedidas y engalanadas por un discurso institucional (político, económico, publicitario... en fin, acabemos, mediático) que se empeña en hacer presente un futuro dibujado como perfecto. Huxley pudo con Orwell: el "gran hermano" que todo lo ve y registra (en el panóptico de Bentham) deja paso al "mundo feliz" cuya ración de "soma" es mitad interactivad (todos con todos) y mitad virtualidad (nadie con nadie). Pero el horror nace del hecho mismo de dibujarse tal futuro como ineludible e ineluctable, ya producido sin haber sido todavía vivido.

No es pasado aquello que nos es ocultado, enterrado por el peso de todo lo almacenado, procesado y mostrado bajo unos intereses mediáticos que son los del consumo desaforado y el recambio perpetuo. No es futuro lo que se nos da cerrado, ya realizado en los estudios de proyectiva mercadotécnica (cuyo mayor logro es hacernos creer que ya no hay posibilidad de elegir o, peor aún, que la elección ya ha sido hecha en nuestro favor y a pesar nuestro). Entre malos diagnósticos del pasado y buenos pronósticos del futuro, el tiempo presente desaparece bajo el muy posmoderno eufemismo de la actualidad. Todo ocurre en el aquí y ahora de la producción mediática (Requena, 1988). Incapaz de inscribirse como presente en la temporalidad del antes y del después, de la causa y del efecto, esa actualidad sólo se reifica como pasado revisitado o futuro vaticinado. Estamos de acuerdo con Jameson (1989) cuando habla del "presente perpetuo" para caracterizar la modernidad, pero no cuando para ello niega la existencia de un pasado y futuro para ese presente. Pues, precisamente, esa actualidad perpetua, incapaz de presentificarse -en la brevedad ya pasada de una instantánea fotográfica, en la velocidad de un estar pasando del fotograma fílmico- se ve empujada compulsivamente a devorar pasados y defecar futuros: los propios y los ajenos, los posibles y los imposibles.

Vivimos una época consciente de su historicidad (el pasado muerto) y proyectividad (la vida futura). Pero esta doble presión temporal se pliega en una perpetua actualidad donde caben todas las épocas (todas ellas presentes en la pantalla), donde todas las épocas se funden (todas las continuidades comidas por la momentaneidad de su visión). Una instantaneidad sin devenir (el "haber estado allí" de la fotografía), una velocidad sin freno (el "estar ahí" del cine). La posmodernidad es un pliegue espacio-temporal provocado por la superposición de todos los paradigmas tecno-ideológicos previos a partir de su enviscamiento en los medios surgidos con la fotografía. Sería, por fin, tras dos siglos de acumulación del saber, el cumplimiento del anhelo ilustrado: una sociedad del conocimiento. Pero con un determinado efecto colateral. No hemos llegado a la cima de la historia, a su fin, donde todo el pasado (y el futuro) se ordenan en una línea de fases sucesivas que conduce a nuestra época. Hemos vuelto al origen, allí donde la temporalidad ni siquiera es cíclica (no tiene la forma del círculo del cosmos) sino helicoidal (su forma es el remolino del caos), donde todos los tiempos (pasados y futuros) todos los lugares (cercanos y lejanos) son las densas capas enterradas bajo el delgado filo de la actualidad.

En defensa de una nueva histori(ografí)a

¿A qué cuento esta reflexión vaga al supuesto tema de este trabajo: el pasado y futuro de la fotografía? La respuesta es sencilla por más que lleve a un lugar tremendamente complejo. Antes de pensar en lo que lo fotográfico ha sido, es o puede ser -y de ahí deducir sus nacimientos y sus muertes- es imprescindible aclarar que el verdadero problema de nuestra reflexión es la influencia que la fotografía y sus derivados ha tenido sobre la historia como objeto y la historiografía como disciplina. Como historiador de los medios audiovisuales -y ajeno doblemente, si se quiere, al campo de la creación fotográfica, por objeto y por enfoque (desconecten cuando quieran, es su privilegio)- no puedo evitar saber que el objeto de mis trabajos es uno de los ejes esenciales en el cambio de la supuesta disciplina que sobre ella aplico: la historiografía.

Es necesario asumir -nos complazca o nos disguste- el carácter posmoderno de nuestra época. Consecuentemente, la historiografía, ya que dice tener por eje el tiempo y el devenir, no puede actuar ingenuamente: pensar que la historia es, hoy, continuidad y sucesión, evolución y/o involución, progreso y/o retroceso. El objeto, la historia, ya no es la nítida línea ilustrada que tenía término en su fin (aquel donde era escrita) sino cualquiera de las estructuras confusas y caóticas posmodernas: la ola, la espiral, el remolino, el laberinto y que no tiene fin porque no tiene principio, sólo un retorno perpetuo al origen 1.



Estas consideraciones tienen una doble consecuencia. En primer lugar, convierten a la historiografía en una arqueología y genética. No tiene ya sentido buscar sólo en el pasado los rastros de lo que fue (y de ahí concluir las señas de lo que podría ser). Esos rastros y esas señas están ahí mismo, delante de nosotros, pero debajo (en las calas arqueológicas que conforman nuestras prácticas mirando al pasado) y dentro (en los mapas genéticos que construyen nuestros objetos mirando al futuro). Esto significa que hablar de la muerte de la fotografía (o del cine, del teatro, del arte) es una mala forma metafórica de pensar en una más de sus metamorfosis. Nada puede morir realmente en una época de la perpetua resurrección y/o reencarnación de objetos y prácticas. Otra cuestión es si vuelven como espíritus buenos o como malos zombies. Esta forma de entender la posmodernidad nos obliga, en segundo lugar, a pensar la historia como aquello que ha de ser desplegado. El presente perpetuo de la actualidad es el pliegue espacio-temporal de una continua reedición (del pasado muerto que se nos fue y retorna) y reiteración (de la vida futura que será y se anuncia). La historiografía cobra entonces una dimensión excepcional que la sitúa por encima de otras disciplinas en su estudio de la realidad (especialmente, y dado que suele ser su término constante de comparación, la sociología). Un presente tan evasivo y ubicuo hace que nuestro acercamiento a él deba ser siempre realizado desde un distanciamiento marcado por el devenir. Debemos devolver la actualidad a su cronología. Hoy, más que nunca, la teoría y la práctica dependen de su historia. Pues, precisamente cuanto más se niega el enlace con el pasado y el futuro, más atrapado está nuestro presente en ellos.

¿Complicado? La verdad es que sí. Pero la complejidad viene dictada por la época, aunque los discursos posmodernos (y éste lo es, que duda cabe, a pesar nuestro) parezcan a veces complicar gratuitamente aquello que debieran explicar sencillamente. Pero sólo desde esta reflexión es comprensible la operación que a continuación se detalla sobre el pasado y futuro de la fotografía y el sentido original y terminal de lo fotográfico.

Un deseo late en este trabajo: convencer a los fotógrafos de nuestro fin de siglo de aquello que ellos ya saben sobre su objeto, la fotografía, pero de lo que sin embargo reniegan dada su necesariamente contemporánea postura ante lo fotográfico en la época digital. Convencer de algo a alguien que lo ignora es fácil. Convencer a quien (ya) lo sabe o supo requiere una operación analítica tremendamente ardua. Pues de lo que se trata es de afirmar no algo que pueden aceptar o rechazar sino algo de lo que ellos ya han renegado. Con el agravante de parecer estar volviendo a ideas supuestamente caducas. Si relacionar teoría e historia de la fotografía es de por sí bastante complejo, intentar que nuestras propuestas puedan, de algún modo, servir de enlace entre reflexión y creación sobre lo fotográfico, seguramente haga que nuestro intento fracase a ojos vista. Y sin embargo, el campo fotográfico se merece dicho intento, pues de forma diferente al cine (donde sólo muy recientemente se ha establecido una vía de doble sentido entre teoría e historia y aún está por establecer el nexo de éstas con la práctica) la fotografía siempre se entendió como un espacio de intersección entre todos los acercamientos y actores posibles 2.

De la fotografía y lo fotográfico


Atrapados en una época donde lo fotográfico pierde terreno ante lo infográfico -la intratable onda-corpúsculo de la luz convertida en procesable bit de información- los últimos fotógrafos buscan insertar su práctica en esta nueva manera de entender y crear el mundo de lo digital, lo hipertextual y lo virtual. Pero dicha inserción no responde esencialmente a una reconversión tecnológica. (coexistirán durante tiempo y por mor del fetichismo las cámaras analógicas y las digitales, así como, por mor de la eficacia, el laboratorio fotográfico ya está entrelazado ineludiblemente con la consola infográfica). Es primordialmente una renovación ideológica, de sus prácticas y objetivos, en la ideología punta de la actualidad. El cambio ideológico no depende entonces, como siempre, del falso determinismo tecnológico que impera en el discurso mediático de la nuevas tecnologías sino de un específico dirigismo ideológico que nos presenta, ahora sí, dicho cambio tecno/ideológico como ineludible.

Los fotógrafos consiguen así rebasar -"a ver si de una vez por todas", dicen- las sempiternas ideas del registro y la referencialidad implícitas a la fotografía en cualquiera de sus variantes tradicionales. Ello les permite pensar -llevan un siglo afirmándolo- su producto como uno más entre otros, sean éstos los de la tradición pictórica o la innovación electrónica. Dicen: "el fotógrafo es un profesional (de la prensa, el estudio o el arte) como cualquier otro y sólo se diferencia de él por los instrumentos de los que dispone para realizar su trabajo... la creatividad está en el autor, no en sus herramientas". Pero al decir esto olvidan que la creación es tanto una cuestión de ideas (plasmadas en la relación forma/contenido) como de materias (con y contra las que se trabaja) y obvian que las tecnologías concretas de creación y recepción de imágenes (gráficas, pictóricas, fotográficas o infográficas) dependen de ideologías, abstractas pero densas, subyacentes a la relación del sujeto con el mundo y sus imágenes.

La rápida y múltiple digitalización de la antigua tecnología química (del Photoshop a la infografía, del "todo automático" al "nada químico") ha provocado una reconsideración ideológica general de los diversos ámbitos fotográficos. La fotografía, por la pregnancia social de sus objetivos y la diversidad cultural de sus ámbitos, se situó a la vanguardia de esta revolución digital. A ello coadyuvó sin duda la lentitud, por parte de las nuevas tecnologías, del abordaje de la imagen en movimiento (cinematográfica, televisiva y videográfica) debido a los límites de velocidad y capacidad de procesamiento. El caso es que la fotografía volvió a ser (como en el primer tercio del siglo XIX) el eje de un cambio tecno-ideológico. Y eso provoca dudas, miedos, pavores. Ante la real o imaginaria muerte de la fotografía el interrogante no debería dirigirse al quién de su ejecución sino al cómo, pues esta muerte tiene todos los visos de un suicidio más que de un asesinato. Y más allá de pensar tontamente en si desaparecerán o no los fotógrafos, lo interesante es saber si en esa muerte viviente (living death) de la fotografía (Lister, 1993), quedará algo de lo fotográfico que denominó y dominó la modernidad en el último siglo y medio.

Por segunda vez hemos dejado colar en este texto un juego de palabras a partir de una oposición -entre la fotografía y lo fotográfico-como si estuviera lo suficientemente definida como para no tener que aclararla. Y en realidad, así es -todo fotógrafo entiende la diferencia- y si volvemos a ella es porque nos permite centrar y desplazar el eje de nuestra reflexión. Algo ocurre en el ámbito terminológico cuando pasamos del sustantivo (fotografía, photo, photography) al adjetivo (fotográfico, photographic image/s) hasta hacer que los dos términos cobren sentidos diferentes 3.

­ La fotografía es (era, hasta la actual digitalización de la toma) una técnica única definida por una tecnología concreta, la imprimación y fijación química de imágenes fijas -fíjense que no menciono la cámara oscura- que a su vez sostiene unas prácticas, concretas aunque diferenciadas (de la fotografía de arte a la de prensa).

­ Lo fotográfico, sin embargo, sufrió, desde finales del siglo XIX, un proceso de expansión hasta convertirse en una cualidad, la captura y registro de emanaciones lumínicas -fíjense, por un lado, que no hablo de imágenes perspectivo-figurativas y, por otro, que dicha cualidad es el origen a su vez de todas las poéticas y teorías fotográficas, del "instante esencial" al "acto fotográfico"- cualidad que la fotografía cede a otras prácticas con tecnologías semejantes o diferentes (cine, televisión, vídeo) cuyo común denominador es, en sus usos dominantes, partir de una toma realizada maquinalmente por el artefacto 4.

Por supuesto, pueden entenderse estos dos términos y enunciados como cuasi-sinónimos, dos maneras de hablar de la misma cosa. Lo fotográfico (registro maquinal de huellas) sería así una idea filosófica superpuesta a la fotografía como materia física (imprimación y fijación química). Pero el carácter expansivo de la fotografía hacia otros medios bajo el concepto de lo fotográfico también nos permite y casi obliga a entender esos dos términos como dos caras no necesariamente indisolubles ni exactamente ajustadas. Por un lado, la faceta técnica y tecnológica (referida a las prácticas y los aparatos) en lo que se llamó fotografía como campo de trabajo. Por otro, la faceta noética e ideológica (referida a las ideas y los usos) aludida en lo fotográfico y, a partir de ahí, expandida a una serie compleja de medios de la modernidad.

Lo audiovisual/real contra lo hipertextual/virtual

No sólo conviene mantener esta diferencia entre principio técnico (la fotografía) y centro noético (lo fotográfico), sino ahondarla y extenderla. A fin de cuentas, se trata de asumir ese papel rector que la fotografía tuvo en el origen y término de una cierta modernidad y pensarlo más allá de su campo estricto. Para ello, sólo tenemos que aceptar y nombrar esa gran idea, tan evidente que parece difícil que aún no lo hayamos usado. Pero es que el término y el concepto de audiovisual resulta ser mucho más escurridizo que el de lo fotográfico. Por un lado, escasamente formalizado como concepto, más allá de aglutinar a una serie de medios de la imagen y el sonido aparecidos en los dos últimos siglos: de la telegrafía y fotografía a la audiovideografía y compugrafía. Por otro, centro incuestionado de la modernidad misma al sostener la supuesta y falsa oposición entre una cultura de las nuevas imágenes (y sonidos) y una cultura de la vieja palabra.

La introducción y asunción de los nuevos conceptos de lo hipermedial y lo virtual tiene una doble consecuencia respecto al concepto de audiovisual. Por un lado, si no lo desplazan, al menos lo relegan a ser una etiqueta, difusa aunque inevitable, cómoda aunque precaria, donde aunar y englobar los ya viejos medios mecánicos y eléctricos y las nuevas tecnologías digitales, creando una ilusión (técnica) de continuidad sobre la que los fotógrafos cabalgan con total impunidad. Por otro, lo historiabilizan, lo convierten en algo del pasado, observable, por tanto, con una cierta distancia, creando una ilusión (noética) de ruptura donde los fotógrafos pueden romper con la tradición. Pues si algo diferencia a lo nuevo de lo viejo en este desarrollo de los instrumentos expreso-comunicativos es el permitir reconocer en lo audiovisual -ahora, que ya es historia- una determinada idea-faro de la modernidad, aquella que basaba su poder en el registro maquinal de las imágenes y sonidos del mundo: de lo foto/fonográfico a lo audio/videográfico. Idea muy distinta a la nueva idea de generación digital por mucho que a veces se asemejen o confundan sus resultados.

Es hora por tanto de historizar lo audiovisual -ponerlo a distancia histórica, hacerlo pensable como algo más que una postura teórica- como esa serie de medios de registro maquinal opuestos a los tradicionales instrumentos de representación manual o a los nuevos medios de generación digital. Se trata de llevar al pensamiento histórico una de las grandes líneas de reflexión teórica del siglo XX en torno a los media, comenzada muy temprana aunque equívocamente por Walter Benjamin. La paradoja del audiovisual es por tanto ésta. Que por un lado existe una raíz teórica donde lo audiovisual es un concepto específico definido sobre todo en lo cinema/fotográfico: la pérdida del aura y la mano liberada (Benjamin), la ontología de la imagen y el más que real (Bazin), el tercer sentido y el punctum (Barthes), el efecto de real (Oudart, Comolli), el acto fotográfico (Dubois), la imagen precaria (Schaeffer/JM), el radical fotográfico (Requena)... Y que, por otro, existe una base histórica positiva donde anudar esa especificidad de diversos medios de la imagen y el sonido, más allá de las precarias definiciones negativas sobre lo que no es: lo verbal, lo pictural, lo teatral. Sin embargo, no se quiso o no se pudo formular histórica e historiográficamente ese carácter específico y diferencial 5.

Medios Audiovisuales son aquellos instrumentos de expresión y comunicación basados en el registro maquinal de sonidos y/o imágenes del mundo, para su conservación en el tiempo o su transmisión en el espacio. El carácter diferencial y específico no es la tekné (técnicas: los instrumentos concretos de operación y las tecnologías a ellos asociados: el pincel, la cámara, el ratón) sino el arché (génesis: la atribución de un sentido a la forma y nexo de creación entre el sujeto, sus discursos/representaciones y el mundo: la acción, la presentación, la representación, el registro, la generación) 6.

El recorrido canónico de los medios audiovisuales sería así el de los usos dominantes establecidos por la fotografía, la fonografía, la telefonía, la cinematografía, la radioteledifusión y la audiovideografía. Son, por tanto, diferentes a otros tipos de creación (anteriores, coetáneos o posteriores) como las instrumentos de representación (de la pintura y la escritura al telégrafo y el procesador de textos) o los instrumentos de generación (de la infografía a los mundos virtuales). Los medios audiovisuales son, por tanto, una parte de la totalidad diacrónica de las formas y prácticas expreso-comunicativas de la humanidad y una parte de la totalidad sincrónica de los fenómenos expreso-comunicativos de nuestra modernidad, totalidad desde la que se concibe nuestra era como la de la comunicación. De ahí que, junto al concepto de medios audiovisuales debamos anotar, como mínimo, las telecomunicaciones y los medios de masas como los tres ejes fundamentales de la época, con el nada casual caso ejemplar de la radio y televisión como intersección de los tres campos mediáticos.

La fotografía, otra vez, pero ¿hasta cuándo?

¿Para qué sirve el salto que hemos dado entre fotografía y medios audiovisuales? ¿Para qué el mantenimiento de la idea del registro maquinal como base de un más o menos indefinido concepto de lo fotográfico y un aquí redefinido concepto de lo audiovisual? Como mínimo, debiera hacer recapacitar a los fotógrafos sobre ese rechazo que siempre les ha inspirado la idea de una máquina que toma por sí sola imágenes, rechazo que está en gran parte de la entrega posmoderna de la fotografía a las nuevas técnicas, noéticas y prácticas digitales. Afirmar que el centro noético de la fotografía y el audiovisual es el registro maquinal no implica ningún juicio sobre el papel del autor en la obra (supuestamente disminuido por el principio técnico que rige su trabajo). Dicho de otro modo, las prácticas construyen estéticas concretas a partir del cruce de noéticas y técnicas diversas. El devenir de la fotografía ha estado esencialmente pegado a esa idea del registro y la referencialidad, incluso cuando parece negarlo (en la fotografía espiritista o en el fotomontaje). Un vistazo al cine muestra claramente hasta que punto una práctica y estética puede construirse en contra de su aparato e idea de base. El cine quedó definido, a partir de la segunda década del siglo, como una fábrica de sueños y una factoría de ficciones (aunque pensemos que su gran poder onírico o ficcional depende de forma estrecha de la máquina de registro sobre la que se construye).

A veces -escuchando a los fotógrafos- pareciera que lo que persiguen es descubrir esa segunda piel -o sea, una máscara- de la que el cinematógrafo se dotó en la segunda década del siglo XX. Y, sin embargo, es precisamente la historia de la fotografía la que nos impide caer en la tentación de pensar que esta salvaje reducción sea posible. No porque no haya prácticas fotográficas dirigidas en ese sentido (paradójicamente, la foto de prensa o de publicidad son un buen ejemplo) sino precisamente por la riqueza de las prácticas fotográficas en sí. La fotografía ha tenido siempre una porosidad social y diversidad cultural que le ha sido negada al cine. Sólo un gran dirigismo ideológico -siempre disfrazado de determinismo tecnológico- sería capaz no de hacer caer a cierta fotografía en el rechazo de lo fotográfico sino de reducir toda la fotografía a ese rechazo.

Caída y reducción que sin embargo ya pueden nombrarse. De la autorreflexividad del ámbito documental a la foto construida del ámbito artístico, no parece muy exagerado plantear cómo la fotografía ha entrado en un cuarta fase en la forma en que piensa su relación respecto al mundo . Cuarta fase respecto a las tres propuestas por Dubois (1983) sobre las posiciones históricas de la cultura ante el mal llamado "realismo fotográfico" (la fotografía y su relación con lo real): el espejo (el icono y la semejanza); la transformación (el símbolo y la convención); la huella (el índex y la referencia). Si uno se libera del ternario esquema peirciano que está en el origen de dicha periodización, no es excesivamente complicado pensar en una cuarta fase donde la fotografía sería una pantalla de simulación de lo real, pantalla desde la que pensar y dar el propio trabajo como un hacerse ante el espectador, o desde la que crear y generar mundos fotográficos salidos de la más pura imaginación y vueltos de espaldas a toda realidad.

Ahora bien, si uno observa atentamente estas cuatro posiciones se percata de que más allá de constituir una línea evolutiva son un bucle involutivo movido por vaivenes. De la foto espejo (donde la imagen es simple reflejo del mundo) pasamos a la foto código (donde la imagen es complejo signo en el mundo) y de ésta, por reacción, a la foto huella, donde la mirada explora aquella realidad especular para encontrar en ella una huella de lo real intratable. La última fase, la foto pantalla (autorreflexividad, ficcionalidad, narratividad...) es, a un tiempo: reacción contra la foto huella (lo real es aquello de lo que la sensibilidad posmoderna no quiere saber nada), profundización en la foto código (lo visual es una construcción semiótica de cabo a rabo) y reverso de la foto espejo (pues los mundos generados ya no son los tomados de la realidad sino los creados por el sujeto). Volveríamos así al punto de origen, al cierre, gracias a los instrumentos infográficos, de la discusión entre fotografía y pintura. ¿Valía la pena?

----------------------------------------------------------------------------
1 Y de paso, ésta es la diferencia entre nuestra época y el manierismo con el que tantas veces se identifica. Allí y entonces estas estructuras eran tema y contenido; aquí y ahora, son también enfoque y forma. Ellos veían (querían ver) un mundo en descomposición y recomposición perpetua. Nosotros vemos (no podemos dejar de ver) deconstructivamente un mundo en continua re/descomposición. Somos, si seguimos la lógica de lo que aquí proponemos, manieristas, pero también manieristas respecto al manierismo... y operación semejante podría hacerse con lo primitivo, lo antiguo, lo clásico, lo moderno... el renacimiento, el barroco, el romanticismo...

2 La fotografía fue definida históricamente por la tensión de un doble movimiento: de unificación bajo una simple técnica (surgida en el primer tercio del siglo XIX), de disgregación sobre unas complejas prácticas (consolidadas en la época del mismo nacimiento del cine: científica, periodística, artístico, profesional, familiar). Toda historiografía fotográfica asume esa tensión y, aunque a veces se centre en la práctica artística, nunca pierde de vista el marco global de referencia, de los clásicos Newhall y Beaumont a los modernos Lemagny o Rouillé y aunque esta tensión le parezca un problema a Durand (1995) en su sugerente pero muy equívoco "ensayo sobre las condiciones de una historia de las formas fotográficas". La fotografía no es un fenómeno histórico más complejo y diverso que el cine; simplemente no fue sometida al mismo tipo de reducción que la ejecutada sobre el cine, a partir de la intercalación -entre el teleteatro de Le Bargy (1908: el Asesinato del Duque de Guisa) y la telenovela de Griffith (1915: el Nacimiento de una Nación)- del encumbramiento del cine como summa y síntesis de las artes (Canudo, 1911). Mientras que la fotografía nunca ha dejado de ser históricamente un fenómeno a un tiempo sencillo y complejo (de la técnica única a los usos múltiples), el cine, sin embargo, nunca ha podido escapar de la condena que supuso nombrarla como la séptima y última de las artes. Condena literal pues, al mismo tiempo, borró o subyugó histórica e historiográficamente toda una serie de prácticas alternativas y encumbró como horizonte inalcanzable de su objeto algo que sólo precaria y colateralmente sería conseguido (pues junto a la definición del arte aparecería inmediatamente la afirmación de la industria que reduciría todo a una cuestión de fábrica de sueños).

3 Un buen ejemplo de esta desviación es la obra colectiva "la Imagen Fotográfica en la Cultura Digital" (Lister, 1995; edición española de 1997), que a partir de la interrogación sobre la muerte de la fotografía, se centra en las consecuencias para el paradigma fotográfico de su introducción en el entorno de las nuevas tecnologías. Sólo cuatro de los once trabajos están dedicados a la fotografía en sus diversas prácticas; el resto lo componen estudios sobre otras viejas y nuevas tecnologías (del cómic al vídeo vigilancia), discutibles bajo el concepto expansivo de lo fotográfico pero no, evidentemente, en el ya de por sí amplio concepto de fotografía.

4 Usos dominantes: aquellos que definen un medio en lo que es ideológicamente, sean cuales sean las posibilidades tecnológicas del aparato de base. Y a partir de aquí uno puede hacerse los repasos e interrogantes que convengan. Por ejemplo, ¿hasta qué punto la cámara oscura pertenece a la definición tecnológica o ideológica de la fotografía, cuando desde el principio está claro que lo que la define es la química y no la óptica y, sin embargo, y a pesar de todos los momentos que uno quiera señalar (de los dibujos fotogénicos de Talbot a los fotogramas de vanguardia) la óptica acaba siempre por superponerse a la química: la cámara oscura a la emulsión plateada? Por ejemplo, ¿hasta qué punto las vanguardias (fotográficas y cinematográficas) escapan a esta definición de uso dominante, cuando muy poca de esa vanguardia niega el hecho de la toma aunque sí bastante el de la perspectiva y, al mismo tiempo, el origen del ars electrónica se sitúa, antes de lo digital, en la simple manipulación de la señales televisivas sin referente alguno en la realidad?

5 En su ausencia, su historia se transformó en una manera más de llamar a las formas y prácticas de comunicación propios de nuestra época, aunque se realizará una equívoca acotación sobre aquellos definidos por unas determinadas nuevas tecnologías. La tecnofascinación que se oculta bajo el concepto de medio -en esa falsa identificación entre tecnología y modernidad escondida en el paso de la mecanización al maquinismo, de las herramientas como extensiones a las máquinas como sustitutas del hombre- impide ver el proceso de continuidad y ruptura respecto a otras formas y prácticas expreso-comunicativas, antiguas y actuales. Hay que reconocer en este caso la pertinencia de la tradición anglófona pues la lenta sustitución del problemático término de Mass-Media -tan parcial y esquivo como el nuestro de Medios Audiovisuales- por el más genérico de Media le ha permitido dar el radical salto (histórico y teórico) de lo medial (mediático) a lo hipermedial.

6 Es precisamente este juego de las técnicas y las génesis el que debe explorar la historiografía. En el modo en que cada época define un paradigma propio que no elimina sino que filtra las creaciones de paradigmas anteriores. En las relaciones -para la idea de registro, por ejemplo- entre artefactos de dibujo renacentistas, perspectógrafos y fisionotrazos románticos, la invención de la fotografía, la academicista pintura de historia y la decimonónica quiebra del realismo en la doble vía del impresionismo y del simbolismo. O en el modo en que determinadas pulsiones ocultas se desarrollan en cada época, con el caso ejemplar de la evolución de aquello que parece horadar el eje de cada paradigma ideológico: el trampantojo pictórico y la trápala fantasmagórica (en la representación), el retoque y truco fotográfico (en el registro) y el timo y la trampa infográfica (en la generación). Pero, claro está, todo esto es la historia que hay que contar desde los determinados presupuestos teóricos e historiográficos que aquí se proponen.

Luis Alonso García

La naturaleza desnuda de la fotografía

Jaime Munárriz

RESUMEN: El autor plantea la necesidad de una revisión de la naturaleza de la
fotografía, a la luz de los nuevos sistemas digitales. Al mismo tiempo, la
coexistencia de la fotografía con otras imágenes de génesis diferente, dentro
del medio digital, necesita una ordenación de las distintas categorías de
imagen digital.

PALABRAS CLAVE: Fotografía, naturaleza, digital, categorías.
Cuando reflexionamos acerca de la naturaleza de la fotografía solemos
asociarla siempre a su componente químico fundamental, las sales de plata.
Nos parece que la fotografía existe sólo en y por los granos de haluros de plata
que forman la imagen al oscurecerse bajo la acción de la luz. Dado que la
imagen se forma en esos granos, no podemos separarla de ellos. En
consecuencia, tendemos a asociar ese mecanismo químico de captura de la
luz con la esencia misma del proceso fotográfico.
En los últimos años el vertiginoso desarrollo de las tecnologías informáticas ha
empezado a introducirnos a un nuevo tipo de imágenes, con características
propias muy diferentes de las imágenes fotográficas tradicionales.
Paulatinamente, algo que parecía imposible en un principio, comienza a
parecer una realidad casi segura: los ordenadores pueden ofrecer imágenes
con una calidad tan alta como los métodos fotográficos tradicionales.
Estas imágenes digitales pueden sorprendernos por su calidad, pero todo el
mundo, y especialmente los profesionales del medio fotográfico, acostumbran
a discriminarlas inmediatamente como imágenes de una naturaleza muy
diferente. Tanto si las contemplamos en un monitor como impresas sobre papel,
queda claro que son imágenes nacidas de un proceso absolutamente distinto
al fotográfico. El motivo principal para esta discriminación es el aspecto que les
aporta su componente estructural, el grano o formante de la imagen. Las
imágenes digitales no tienen grano como las imágenes fotográficas. En su lugar
están compuestas por una retícula regular de cuadrados que, a modo de
mosaico cada uno con un color diferente, forman la imagen cuando los
contemplamos desde la distancia adecuada. Es decir, las imágenes digitales
en vez de formarse mediante el grano se forman mediante pixels.
(fig.1) Aspecto del pixel.
La diferencia en el elemento formante de la imagen es una diferencia radical,
pues ya que la imagen se forma mediante ese formante su aspecto es una
consecuencia directa del que ese formante puede proporcionar. Aspectos
absolutamente opuestos: el grano fotográfico es irregular en forma y tamaño,
con corpúsculos redondeados o en forma de judía que cubren el espacio con
aleatoriedad, mientras que los pixels son cuadrados, regulares y absolutamente
iguales. Las imágenes formadas por el grano argénteo adquieren una calidad
especial, una textura muy rica visualmente que se añade a la imagen misma.
Las imágenes formadas mediante pixels adquieren el carácter de su trama fría
y matemática, la textura regular y sus cuadrados de color liso. En el caso de las
imágenes argénteas podemos aprovechar ese grano para conseguir
determinadas calidades. En el caso de las imágenes digitales lo mejor que
podemos hacer es reducir el tamaño de esos pixels hasta conseguir que sean
tan pequeños que dejen de apreciarse, de forma que la imagen no se vea
alterada por su estructura.
Grano y pixel son pues dos formantes de la imagen de naturaleza opuesta.
Orgánico frente a regular, cálido frente a frío, desordenado frente a repetible,
son conceptos opuestos que se enfrentan en cada una de sus características.
Las imágenes que forman cada uno de ellos se embeben en esas
características, adquiriendo el carácter de su formante. Imágenes argénteas y
digitales tienen, por tanto, un aspecto muy distinto, como consecuencia del
elemento formante.
(fig. 2) Aspecto del grano frente al del pixel.
Dado el aspecto tan distinto de ambas imágenes, es lógico que se considere
que son de tipos diferentes. De ahí se deduce que las imágenes digitales no son
imágenes fotográficas. Es decir, sí, se admite que pueden provenir de una
cámara semejante a la fotográfica –aunque, en realidad casi se parece más a
una cámara de vídeo- aunque todo lo demás es distinto, puesto que no
atraviesan el laboratorio y sus procesados. Además, muchas veces se
contemplan en un monitor y no sobre papel y, para colmo, se pueden
manipular hasta el infinito sin ninguna degradación. En fin, que no, que son
imágenes de una naturaleza muy distinta, que no son fotografías. Las
fotografías utilizan película, se revelan y se positivan. Las otras imágenes son
algo parecido, pero desde luego no son fotográficas. Posiblemente se trate de
un nuevo tipo de imágenes todavía no muy bien analizado, pero no son
fotografías.
Estos razonamientos son bastante lógicos y el sentido común parece llevarnos a
sus mismas conclusiones. Pero, al mismo tiempo, una duda persiste. Nos damos
cuenta de que hay algo en el proceso que es absolutamente idéntico. Una
persona toma una cámara, con ella mira al mundo y decide capturar una
imagen en un momento dado. El proceso es igual en ambos casos. Por lo tanto,
hay algo común a los dos sistemas, algo que los hermana.
El nacimiento de las imágenes digitales despierta serias inquietudes sobre
algunas cuestiones que ya creíamos solventadas. Está poniendo en duda la
esencia misma de la naturaleza de la fotografía. Al enfrentarnos a estas nuevas
imágenes, a sus semejanzas y diferencias con las fotografías tradicionales,
tenemos que remontarnos a la esencia de lo fotográfico para tratar de resolver
los interrogantes. Estas imágenes digitales tienen, por tanto, un incuestionable
valor, más allá de sus logros técnicos o plásticos: sirven para que avancemos en
nuestro conocimiento sobre el hecho fotográfico mismo. Son disparadores de
reflexiones sobre la propia naturaleza de la fotografía.
Esencia del proceso fotográfico
El enfrentamiento entre ambos sistemas de captura de imágenes nos puede
llevar a redescubrir la esencia de lo fotográfico, alertándonos sobre algunos
hechos que no nos planteábamos, por su absoluta evidencia, y al mismo
tiempo cuestionando algunas afirmaciones comunes. Si tratamos de analizar la
fotografía prescindiendo de detalles prácticos concretos, nos encontramos con
que la esencia del proceso está en la captura de un instante visual, mediante
la cámara, sobre un soporte físico que permitirá su almacenamiento y
posteriormente portará una imagen bidimensional semejante a la que emitía la
escena. Cada uno de estos elementos del proceso está aportando alguna de
las características principales de la fotografía: el corte temporal del momento
de captura, la formación de la imagen mediante la luz que emana de la
escena, la perspectiva de la cámara oscura junto con las alteraciones que
introducen las lentes, la bidimensionalidad del soporte y las características de
éste que se sumarán a la imagen final: material, textura, características de su
formante, etc. Estos son elementos primordiales en la estructura de lo
fotográfico que definen sus características específicas como medio y lo
diferencian de otros medios próximos en alguna de sus fases.
La fotografía está definida por estos componentes. Otros elementos que
anteriormente podían parecer fundamentales aparecen ahora como casos
concretos de alguna de las fotografías posibles. La fotografía sobre sales de
plata, la más desarrollada por la industria y el uso social, es sólo uno de los
posibles tipos de fotografía. Junto a ella tenemos todos los procedimientos
antiguos en desuso y ahora la fotografía digital. Además podemos imaginar
otros tipos de fotografía todavía no inventados físicamente, como por ejemplo
una fotografía sobre plasma que recogiera la luz de forma electrónica pero en
un continuo, sin una reticulación como la que imponen los pixels en la
fotografía electrónica actual.
La fotografía es un gran sistema de creación de imágenes que puede
subdividirse en grandes familias de subsistemas que utilizan mecanismos internos
diferenciados. La fotografía argéntea es uno de estos subsistemas, así como la
fotografía digital es otro de ellos. La primacía contemporánea de la fotografía
argéntea no debe hacernos perder el sentido de la globalidad, contemplando
todos los casos posibles, percibiendo semejanzas y resaltando diferencias.
Ambos subsistemas fotográficos comparten aquello que es más importante en
lo fotográfico, difiriendo sólo en las particularidades físicas que hacen posible la
captura sobre uno u otro soporte. El uso de la cámara con lentes para capturar
la luz, la duración temporal acotada de esa captura, la bidimensionalidad de
la imagen registrada son los factores esenciales en el proceso fotográfico. El
mecanismo físico que permite esa captura, las particularidades mecánicas de
su construcción, son los elementos diferenciadores de cada caso concreto.
La alteración del soporte que registra la imagen fotográfica no altera
fundamentalmente el proceso, no anula su condición de sistema fotográfico
(aunque sí puede alterar el aspecto de estas imágenes). Nos lleva hacia uno u
otro de los casos de fotografía posibles, así como el uso de lápiz, pluma o
bolígrafo no aleja una imagen del campo del dibujo. Se trata de
procedimientos específicos, todos ellos dentro del ámbito de lo fotográfico.
La alteración del resto de los factores que hemos defendido como esenciales
sin embargo sí tiene que alejarnos de lo fotográfico, pues, en caso contrario, no
serían realmente aspectos esenciales. Si prescindimos de la cámara tendremos
fotogramas, rayogramas, quimigramas, fotocopias o imágenes escaneadas.
Todas estas imágenes son producidas por la fotosensibilidad de algunos
materiales y su exposición a la luz. Sin embargo, el hecho de no utilizar la
cámara oscura los convierte en imágenes no fotográficas. Son imágenes
formadas por la luz, pero no fotografías. Incluso las imágenes fotográficas
formadas en la cámara estenopéica, consistente en una cámara obscura que
no utiliza lentes para construir la imagen, sino sólo un pequeño orificio, se
constituyen como un caso de fotografía claramente diferenciado de las
obtenidas mediante cámara con lentes. La estenopéica mantiene en sus
imágenes una relación biunívoca entre sus puntos y los de la escena. Las lentes
rompen esa biunicidad introduciendo el elemento de enfoque/desenfoque.
Registros estenopéicos e imágenes formadas mediante lentes difieren, por
tanto, en un rasgo esencial absolutamente diferenciador. Este hecho separa a
las estenopéicas de las imágenes fotográficas obtenidas mediante la cámara
con lentes. Preferiremos considerarlas como protofotografías, un antecesor más
rudimentario que cuenta con casi todos los elementos de lo fotográfico, pero
que carece de uno de ellos, lo que constituye su diferencia.
(fig 4) Lumograma, digitograma, estenopéica.
La fotografía digital
Las imágenes fotográficas digitales parecen constituirse en otro tipo de
imágenes por diversos motivos. Ya hemos analizado la diferencia en el
procedimiento que suponen. Frente a la emulsión de sales de plata utilizan una
rejilla de sensores que modifica la electricidad con la acción de la luz. El
soporte de la imagen es absolutamente distinto al tradicional: frente al grano
irregular de las sales aparece una trama perfectamente regular de puntos
cuadrados. En lugar de almacenarse la información en forma de procesos
químicos se almacena como electricidad. En vez de almacenarse la
información con valores continuos se almacena con valores discretos,
reduciendo la riqueza de la información. Son todos factores que diferencian
notablemente ambos sistemas, pero recordamos que sólo se diferencian en la
fase de almacenamiento de la información, en lo concerniente al soporte y su
capacidad para recoger y almacenar esa información.
Otros factores que complican la apreciación de la fotografía digital son la
convivencia sobre un mismo medio de imágenes de procedencias muy
diversas con el mismo formato, así como las posibilidades ilimitadas de
manipulación que éste ofrece. Esto no tiene equivalente en el medio
tradicional, donde sólo encontramos imágenes fotográficas sobre los soportes
fotográficos.
(fig 5) Distintos tipos de imagen digital.
Las fotografías digitales se convierten al introducirse en alguno de los
dispositivos de almacenamiento de los sistemas preparados para trabajar con
ellas en imágenes digitales tipo bitmap, formadas por pixels. Se almacenan en
alguno de los numerosos formatos de fichero preparados para este tipo de
información (TIFF, JPEG, GIF, PCX, PCD, PSD, TGA…). Como tales imágenes
digitales conviven con muchas otras que tienen un origen muy diferente. El
medio de almacenamiento las homogeneiza. Sin embargo, no tenemos que
olvidar la especificidad de cada una, que proviene de los mecanismos que la
gestaron. Aunque pueden convivir en un formato homogeneizador, no por ello
devienen imágenes de la misma naturaleza. Simplemente comparten algunas
características, pero no pierden su naturaleza esencial, la relación con su
proceso de gestación.
Por tanto, tenemos que diferenciar los tipos posibles de imagen digital para
comprender el lugar de las fotografías digitales y su relación con los otros tipos
existentes.
Tipos de imagen digital
1. Imagen generada mediante algoritmos
En este caso, la imagen es generada mediante fórmulas matemáticas
que dibujan una imagen que refleja las relaciones abstractas como
formas y colores. El operario que produce la imagen se limita a decidir
sobre la fórmula en cuestión, el rango de valores que quiere reproducir,
así como la correspondencia gráfica con formas y colores. La imagen se
construye de forma automática. Casos simples son representaciones de
fórmulas como el seno o el coseno. Más complejas las imágenes de
fórmulas fractales.
(fig 6) Imágenes fractales generadas mediante algoritmos.
2. Imagen pintada sobre pantalla
En este caso el operador utiliza algún tipo de dispositivo para dibujar una
imagen de forma similar a como se realiza con procedimientos
tradicionales como lápices o pinceles. Con un ratón o tableta
digitalizadora se construye la imagen gesto a gesto, mediante
herramientas virtuales que simulan las tradicionales o inventan otras
nuevas. La imagen se construye de forma secuencial, con un proceso de
interacción y realimentación que posibilita la reflexión en cada paso del
creador y su especial relación con la imagen que va conformando. En
esto el proceso es idéntico a los tradicionales, por supuesto, aunque se
distinguen por las peculiaridades de este medio que permite
correcciones infinitas sin degradación del soporte, y que ofrece una
abstracción de la información que no depende de materiales físicos
concretos para obtener los distintos efectos.
(fig 7) Imagen digital dibujada a mano.
3. Imagen en 3D
El operador construye una escena virtual con objetos, luces y cámaras.
Posteriormente se genera una imagen bidimensional que responde a una
fotografía virtual de la escena construida. El proceso de modelado es
semejante a la escultura o arquitectura tradicionales. La iluminación y
colocación de la cámara son semejantes a la fotografía tradicional. La
imagen final se genera de forma automática, según la disposición de los
elementos escogidos. Son imágenes, por tanto, que tienen algunos de los
componentes de las imágenes construidas manualmente, en un proceso
de actos y reflexiones secuenciales y al mismo tiempo algunos de los
componentes de la fotografía, ya que se gestan en una cámara virtual.
Es destacable que el software existente trabaja de un modo similar a las
cámaras estenopéicas, y sólo simula las lentes mediante procesos
añadidos, posteriores a la toma.
(fig 8) Imagen 3D.
4. Imagen fotográfica
Las imágenes se forman en una cámara oscura armada con lentes. La
superficie fotosensible convierte la luz entrante en información eléctrica.
Esta superficie está construida mediante una retícula de cuadrados
regulares que le dan esa uniformidad propia de la imagen digital.
Otro caso posible sería el de las fotografías tradicionales que se
digitalizan para su almacenamiento o manipulación en el ámbito digital.
En este caso, nos encontramos con un tipo mixto de imágenes, y que
contiene, por tanto, componentes de ambos sistemas. Por un lado, las
características de la imagen fotográfica convencional. Por otro, las de la
imagen digital.
(fig 9) Imagen fotográfica digital.
5. Imágenes mixtas
El hecho de convivir en el mismo soporte hace que resulte muy sencillo
combinar imágenes de distinta procedencia. Podemos incluir fotografías
dentro de escenas en 3D, como fondos o texturas, podemos dibujar
sobre fotografías, o podemos hacer collage con distintos tipos de estas
imágenes. En cada caso nos encontraremos con imágenes con
características híbridas entre uno y otro sistema, con mayor o menor
cantidad de componentes de cada uno según sea la cantidad de
imagen que se mantenga de cada tipo.
(fig 10) Imagen híbrida digital.
En el ámbito de las imágenes digitales, conviven imágenes de distintas
procedencias que conservan sus componentes esenciales aunque se
homogeneicen en el soporte digital. La fotografía digital es un procedimiento
de este tipo. Aunque su aspecto y características sean semejantes a los de otro
tipo de imágenes, y la combinación con esas otras imágenes sea
extremadamente fácil, no podemos olvidar su especificidad. Una imagen
fotográfica es siempre fotográfica, hasta que diversas manipulaciones puedan
convertirla en otra cosa. Una imagen fotográfica digital sigue siendo fotografía,
aunque se haya convertido en imagen digital. Sólo perderá su naturaleza
fotográfica si comenzamos a manipularla convirtiéndola en otra cosa, como
por ejemplo una fotografía pintada, es decir, una imagen híbrida del último tipo
que hemos analizado.
(fig 11) Fotografía pintada.
Facilidad de manipulación de la imagen digital
Existe otro factor que parece diferenciar a las imágenes fotográficas digitales
de las imágenes fotográficas tradicionales. Al haberse convertido en imagen
digital, puede ser manipulada hasta el infinito sin que esto suponga una
degradación evidente de la calidad de la imagen. En la fotografía tradicional
esto es imposible, ya que cada paso en la manipulación implica unos procesos
físicos que van alterando el soporte mismo de la imagen, con una degradación
parásita muy alta, que puede añadir grandes dosis de ruido a la información
original.
En el ámbito digital, la información puede manejarse con independencia del
soporte que la porta, trasmitiéndose y manipulándose sin pérdidas innecesarias.
Esto nos permite manipular la información de forma absoluta, alterando el valor
de cada uno de los puntos de la imagen a nuestra voluntad. Este hecho ha
despertado grandes suspicacias en el ámbito de la fotografía digital,
fundamentalmente porque parece terminar con el supuesto verismo de la
fotografía tradicional. Una fotografía digital puede alterarse sin que el medio
delate las manipulaciones. Por tanto, su capacidad de reflejar la realidad
como una prueba es cuestionada gravemente.
(fig 12) Fotografía manipulada.
Por supuesto que esa capacidad ya era cuestionada muy seriamente antes de
la aparición de la fotografía digital. De todos es conocida la habitual
manipulación de la fotografía de reportaje, que construye habitualmente
escenas que sólo existen por y para la cámara que las creó, por consiguiente,
falsificaciones o simulaciones. Incluso en el laboratorio es habitual el recurrir a
montajes, tapados o sobreexposiciones que modifiquen la imagen a
conveniencia del fotógrafo. Pero hay que destacar, sobre todo, que la
fotografía siempre supone una intervención, un posicionamiento, una actitud y
unas decisiones que conformarán finalmente una imagen. La fotografía no es
verdad, siempre es una construcción deliberada por parte del fotógrafo.
La manipulabilidad de la imagen digital quizás sea una bendición que nos
permita reafirmar el carácter subjetivo de la fotografía, su carácter de medio
que crea imágenes utilizando la luz y ciertos artificios, pero siempre imágenes
creadas por el fotógrafo desde sus decisiones, su posicionamiento y su
intención.
Conclusiones
Podemos concluir destacando que la fotografía digital es fotografía, y que su
aparición ha puesto en evidencia las características más esenciales de ese
medio de construcción de imágenes que denominamos fotografía. Podemos
hablar, por tanto, de distintos tipos de fotografía, atendiendo a su
procedimiento: químico, digital, de plasma...
Tenemos que destacar asimismo a la fotografía digital como uno de los casos
posibles de imagen digital. De este modo, queda puesta en evidencia su doble
naturaleza: por un lado, su carácter fotográfico, en cuanto al modo en que se
forma la imagen (partiendo de la luz reflejada en una escena real y utilizando
la cámara óptica), y, por otro, su carácter de imagen formada por pixels,
infinitamente manipulable y combinable con otros tipos de imagen de
naturaleza digital.
© de las imágenes y del texto: Jaime Munárriz.
Jaime Munárriz